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-- No es mi culpa --
Publicado en:1 Septiembre 2021 12:50 am
Última actualización en:22 Septiembre 2021 10:31 am
557 vistas

-- No es mi culpa --

Te debo unas palabras, aunque todavía sigo dudando si tienen que ser una disculpa o ser palabras de agradecimiento, pues cada vez que mi mente empieza a buscar las palabras que regalarte y busca en mis recuerdos, mi mente se llena con tu imagen, se llena de recuerdos, de sensaciones. De ese silencio que se hace cuando es tu mirada la que habla y me abres tu cuerpo y tu mente. Como resistirse a esa mirada que me dice que te entregas a mí y me invitas, casi me exige, que con justa reciprocidad me entregue a ti.

Te tengo delante de mí y ya no nacen las palabras porque te siento en mis manos, en la punta de mis dedos que se deslizan sobre tu piel desnuda, tus piernas, tus caderas, tu cintura, tu espalda, y puede leer sobre tu piel erizada la creciente excitación como si al paso de mis dedos formara un código Braille. Y al sentir la turgencia de tus pechos, la rugosidad de tus pezones que se aprietan sobre si mismos, me hablan de su color, de como se transforman y se oscurecen, más hermosos, más sensibles reclamando aún más mi atención. No pueden salir las palabras porque te siento en mis labios. Siento en mi boca el sabor de tus labios, de tus besos, de tu lengua jugando caprichosa con la mía, y me dejo caer por tu cuello arrastrando el sabor de nuestros besos por tu piel, parada obligada en tus pechos pagando la visita que reclamaban, alimentando aún más mi deseo. Y proseguir en una expedición sin fin a lo largo de tu cuerpo para extraer e impregnarme de todo su sabor y todos sus aromas.

Hasta alcanzar ese momento, esa maravillosa sensación de sentir como el placer más intenso recorre tu cuerpo de mujer, como se traduce en una miríada de sensaciones por todo su cuerpo, la piel erizada y empapada de sudor, la respiración agitada y sincopada, palabras que se pierden entre jadeos o gritos de placer, el cuerpo agitándose, retorciéndose tembloroso de placer, los músculos tensos y palpitantes, toda inundada de tu propia humedad que se desborda y el aroma de tu placer, tu fragancia, llenándolo todo. Una tensión que se descarga como latigazos de placer, y provoca todavía respuestas más intensa al siguiente golpe de placer...

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-- ¿Te asustan? --
Publicado en:26 Julio 2021 9:56 am
Última actualización en:19 Septiembre 2021 10:58 am
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-- ¿Te asustan? --

- ¿Qué? - contestas sorprendido sin saber a que me refería
- Mis curvas, ¿Te asustan...? - vuelvo a insinuarme mordisqueando y chupando un dedo que luego dejo resbalar por el canal que formaban mis pechos
- ¿Las tuyas? Curvas peligrosas sin duda, pero no porque asusten, sino porque son fascinantes, una tentación que seduce solo con recordarlas e imaginarlas, con describirlas, y llevarte una caricia en cada palabra, un beso en cada letra, un orgasmo en cada página
- Quiero una página de esas, en realidad un libro entero - te digo llevando mi dedo todavía humedecido a tus labios
Y sujetándome el dedo para que no volviera a mis labios, te acercas a mi boca:
- Habrá que empezar por la primera letra - dices un instante antes de que tu boca se adueñe de mis labios, un dulce beso recibido como la caricia de una mariposa, al que correspondo y me entrego, que se repiten mientras dejo atrapar mis labios entre los tuyos y me dejo saborear, hasta convertirse en un ósculo profundo, penetrante, intenso, hasta sentir como tu lengua mi boca.

Ahora siento tus manos recorriendo mi cuerpo, llenándome de palabras y creando metáforas, midiendo y apoderándose de las curvas que me definen. Y esa sensación, como una pequeña descarga que recorre mi espalda y eriza mi piel, cuando las noto deslizarse por primera vez bajo mi ropa y siento la caricia de tus dedos sobre mi piel, suavemente, con dulzura al principio, y después hundiéndose con libidinosa codicia al sentir la voluptuosidad de mis pechos. Siento la necesidad de gemir, suspirar, por este momento tanto tiempo esperado, un grito liberador que es a la vez una llamada al deseo, pero mi boca es prisionera de tus labios y solo puedo apretarme contra ellos con más intensidad y resonar en tu boca.

Rindo mi cuerpo a tu mano invasora, que como todo conquistador impone su ley y me desnuda sin preguntar, me dejo hacer, me quiero dejar hacer, sentir mi cuerpo profanado y sacudido por el tacto rudo y masculino de tus manos hundiéndose entre mis carnes, entre mis piernas, donde el deseo ya hace brotar un manantial...
- Ábreme toda - te susurro al oído.
Cierro los ojos, y tus dedos, lubricados por mi propia corriente, me abren y me llenan... Solo es la primera página del capítulo que escribiremos hoy, más allá de las palabras, más allá de la piel y nuestros sentidos, llevándonos cuerpo y alma en comunión con el deseo y el placer.
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-- Una Caricia... --
Publicado en:17 Junio 2021 2:08 am
Última actualización en:19 Septiembre 2021 10:56 am
2833 vistas

-- Una Caricia... --

Una caricia en cada palabra, un beso en cada letra, un orgasmo en cada página. ¿Puede ser?
Así siento tus manos recorriendo mi cuerpo, midiendo y apoderándose de las curvas que me definen. Y esa sensación, como una pequeña descarga que recorre mi espalda y eriza mi piel, cuando las noto deslizarse por primera vez bajo mi ropa y siento la caricia de tus dedos sobre mi piel, suavemente, con dulzura al principio, y después hundiéndose con libidinosa codicia al sentir la voluptuosidad de mis pechos. Siento la necesidad de gemir, suspirar, por este momento tanto tiempo esperado, un grito liberador que es a la vez una llamada al deseo, pero mi boca es prisionera de tus labios y solo puedo apretarme contra ellos con más intensidad y resonar en tu boca.

Mi cuerpo se rinde a tu mano invasora, que como todo conquistador impone su ley y me desnuda sin preguntar, se deja hacer, se quiere dejar hacer, sentirse profanado y sacudido por el tacto rudo y masculino de tus manos hundiéndose entre mis carnes, entre mis piernas, donde el deseo hace brotar un manantial...
- Ábreme toda - te susurro al oído
Y cierro los ojos y tus dedos, lubricados por mi propia corriente, me abren y me llenan... Solo es la primera página del capítulo que escribiremos hoy, más allá de las palabras, más allá de la piel y nuestros sentidos, llevando cuerpo y alma en comunión con el deseo y el placer.

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-- Dulce Memoria --
Publicado en:6 Junio 2021 5:21 am
Última actualización en:9 Junio 2021 9:53 am
3183 vistas

-- Dulce Memoria --

...y en tu ausencia, sin tu brillo, se hace el silencio y la oscuridad, para extrañar aún más tu presencia.

Sin embargo, el recuerdo perenne de esa sonrisa, de esos labios, como en un acto de reflejo condicionado me trae el sabor de tu boca, el roce de tu lengua en mis labios, entre mis labios, en mi boca. Un recuerdo que despierta todos los sentidos, hasta escuchar y sentir el roce de tu piel, y en cada inspiración sentirme embriagado por el aroma de tu cuerpo.

Eres dolorosa dualidad, idealizada e inalcanzable como una ninfa, rodeada de un aura y con la divina y perfecta sensualidad de una diosa del Olimpo. Y a la vez tan real y presente, tan humana y aún más mujer, sensible y apasionada, carnal y voluptuosa, musa de vibrantes palabras y objeto del más oscuro deseo... Cautivadora como la más hermosa joya, apreciada como el más divino tesoro.

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-- En la noche, en el cielo --
Publicado en:1 Junio 2021 5:12 am
Última actualización en:19 Septiembre 2021 10:54 am
3141 vistas

-- En la noche, en el cielo --

(de madrugada)

- Ya sabes que no creo en esas cosas, arderé en el infierno si al final estoy equivocado, pero voy a tener que ir a la iglesia a poner una vela para agradecer la fortuna de conocerte

- Jajaja... Muy gracioso - respondió ofendida y con ironía a mi pequeña burla - Si es el caso nos veremos en el infierno, porque tu eres mi pasión, mi deseo, mi adicción. Aun cuando no estás aquí,

- Ves como soy afortunado. como no pensar en ti. Solo con todo eso que dices ya es motivo, pero con lo que escribes, cómo escribes, cómo te expresas, como sientes, tan apasionada, y lo fabulosa que te ves, guapa, sensual,

- Me enamora tu mirada, tu sonrisa tus manos... Tu voz... Tu pecho... mmmm de todo. Sí, también de esa rica ver... Es hermosa, la quiero, sueño con ella y la deseo cada día más

- No sabes cómo enciendes mi deseo, cambiaba tu mano en mi pecho, por mi mano en tus pechos, tu sonrisa por un beso, tu voz por un gemido, y hacer vibrar tu mente y tu cuerpo, sentirte dueña de mi cuerpo, tanto como yo del tuyo, y llenarte de mí, llenarme de ti. Mis cinco sentidos. Llenar mi boca del sabor de tu boca, del rocío que impregna tu piel y la hace brillar, de tu néctar más íntimo que derramas en mi boca. Embriagarme con tu aroma, todavía con un rastro de perfume impregnando tu pelo y tu cuello, que se apaga con el olor del cuerpo cargado de deseo, el que desprenden tus rincones más ocultos, el más dulce e intenso, como esos chiles picantes que te hacen arder pero de los que quieres más...

- Haces que me moje con tus palabras, eres mi poeta favorito... Y mi pasión ardiente

- mmmm, llena mis manos de tu cuerpo, al tocar tus labios, al agarrar tus pechos, con suavidad y con voluptuosidad, sentirlos enardecidos, al apretar tu culo, una mano en cada nalga y atraer tu cuerpo contra el mío, hasta quedar yacientes y sin fuerzas, todavía temblorosos, sobre un lecho empapado en el que se secan de nuestros cuerpos, un atmósfera recargada de nuestro olor, olor a deseo, a placer, a sexo, déjame pegarme a ti, acurrucarme en tu espalda, abrazar tu vientre y tus pechos, y escuchar tu respiración y los latidos de tu corazón todavía agitados...

(Se desconectó. Cinco minutos después cargo una foto con este texto)
- No tardes, ya no aguanto más. Te espero impaciente...

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-- Here (Aquí), there, and everywhere" --
Publicado en:27 Mayo 2021 4:34 am
Última actualización en:9 Junio 2021 11:01 am
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-- Here (Aquí), there, and everywhere" --

"Here", susurraste. "Te quiero aquí", repetiste mientras llevabas tu mano entre tus piernas hasta sentir como de tu cuerpo, urgido y henchido de deseo, rezumaban las gotas de tu néctar sagrado y humedecían la yema de tus dedos. Acariciando tus piernas, asiendo tus caderas, hundí mi cara entre tus piernas hasta que tu aroma escaló mi nariz para despertar tu recuerdo en mi mente y mis labios se posaron sobre tu sexo paladeando el rocío de tu deseo. "Here" decía mi mente y seguía "there", parafraseando a tus queridos Beatles, mientras subía por tu vientre hasta mojar tus pechos y de ahí hasta tus labios, tu boca, "and everywhere", y darte a probar de mis labios la ambrosía de tu propio cuerpo. "Here, there, and everywhere", parecía que se iba a repetir como una letanía, y sin embargo, al sentir la firmeza de mi verga rozar y pegarse contra tu cuerpo, tu mano corrió a buscarla, la agarró y casi con desesperación, con tu mirada cargada de deseo fija en mis ojos, la arrastraste entre tus piernas y repetiste susurrando "te quiero aquí".

Apreté todo mi ser contra ti, mis labios en tu boca, mi pecho sobre tus pechos, mis manos en tus nalgas, y sí, sobre todo mi verga contra tu coño, que al sentir la presión del ariete clamando paso se abrió con la sutileza de una flor para hacerlo desaparecer en un instante. Así es como te necesitabas sentir, abierta y llena, colmada de esa turgente carnalidad que sentías frotarse dentro de ti mientras se deslizaba sobre el torrente de jugos que ya te inundaba. Como un gesto reflejo, tu espalda se arquea y tus piernas se ciernen en torno a mi cintura para llevarme aún más dentro de ti, mientras repites: "Aquí, aquí..." y estableces el gozoso compás al que se sincronizan nuestros cuerpos, el vaivén del ariete que no se detendrá hasta derribar las puertas del placer en un estallido sin violencia, ardoroso y bullente, que sin embargo agita y estremece hasta el último átomo de nuestro ser. En oleadas que dentro afuera lo abarcan todo: "Here, there, and everywhere"

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-- Piel chinita --
Publicado en:23 Mayo 2021 4:26 am
Última actualización en:31 Mayo 2021 3:43 am
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-- Piel chinita --

"Se me pone la piel chinita", me dices. Reconozco la expresión y la deliciosa sensación de acariciar la piel enchinada. Y casi puedo sentir ahora mismo mis dedos recorriendo tu piel enchinada, tus piernas y tus nalgas, con todos esos vellitos invisibles erizados tirando de la piel. En las yemas de mis dedos y en mis labios que saborean tu piel, en tu cuello, en tus pechos que como pequeños erizos se hinchan y llenan de dulces espinas tu piel más tersa. En tu vientre, que me invita a recorrer a galope tendido hasta alcanzar la colina de Venus desde donde me arroje a tu más dulce valle, a descolgarme y enredarme en esos vellos oscuros que son los guardianes de tu puerta y ya siento bañados del perfume de tu pasión...

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-- Hoy Es Martes --
Publicado en:18 Mayo 2021 2:51 pm
Última actualización en:22 Mayo 2021 5:29 pm
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-- Hoy Es Martes --

"Ya miércoles", me dije para mí mismo todavía entre sueños, aunque en voz alta, y me despertaba la desesperante sensación de una semana que parecía vencida y se me escapaba entre los dedos, pues el miércoles lo tenía secuestrado por obligaciones profesionales, y el viernes tenía que regresar temprano y desconocía cuando tendríamos la oportunidad de volver a vernos, y menos disfrutar de casi una semana para los dos como en esta ocasión. Volví a cerrar los ojos, con la esperanza de descansar un poco y hacer del miércoles un día muy productivo, aunque ya veríamos si las circunstancias lo permitirían, y poder dedicarnos el resto del tiempo disponible, incluso la misma tarde del miércoles con un poco de suerte.

Todavía en duermevela y de forma inconsciente, aunque probablemente era mi propia alma queriendo apaciguar la reciente inquietud que se había apoderado de mí, el recuerdo de la noche anterior comenzó a llenar mi mente, un recuerdo tan vívido que casi podía sentirte: tus dedos en mi espalda mientras tus labios recorrían su camino hasta mi cuello, el cosquilleo de tus cabellos deslizándose sobre mi piel, el calor de tu cuerpo tan cerca del mío. Pude sentir como el gesto que hasta un momento antes compungía mi rostro, se soltaba y de la misma forma que mi cara se relajaba y se sentía liberada, mi cuerpo era libre de fluir y sentir y dejarse llevar por todas esas sensaciones que iban llenando mi mente. Incluso, al presionar tus labios en ese preciso punto de mi cuello que siempre tanto buscaban, percibí un tortuoso y placentero escalofrío recorriendo mi espalda y erizando mi piel, para que solo un instante después resonara un susurro en mi oído: "Hoy es martes", que como un jarro de agua de agua fría me hizo abrir los ojos repentinamente para descubrir sin embargo que todo eso que creía fruto de mi delirio e imaginación, era tu presente más real calmando mi desesperación. Ese delicioso placer de sentir el calor de tu cuerpo junto al mío, tus pechos contra mi espalda, y tus piernas enroscándose en las mías. Tus labios sobre mi cuerpo, ahora buscando mi boca, y tus manos abrazando mi pecho, y los dedos jugando con mi vello mientras se deslizan hacia mis piernas.

Me retorcí sobre mí mismo, como una anguila resbalando entre tus brazos y tus piernas, hasta emparejar nuestras miradas y como el incrédulo apóstol dar fe de lo que hace tan unos segundos parecía tan increíble y delicioso milagro a mi atribulada mente. El brillo de tus ojos, tu inmensa y radiante sonrisa, sellaron el último resquicio de la fuente de delirios y milagros, y abrieron la puerta a un torrente de besos, abrazos y caricias, enredados uno en el otro creando un caprichoso patrón entre el brillo y la suavidad de tu piel canela, y el vello casi animal de mi cuerpo, buscábamos hasta el más oculto rincón del otro, y nos procurábamos un interminable intercambio de sabores y aromas. Me perdí entre tus piernas hasta llenarme de tu aroma y tu sabor más íntimo y que mi lengua muda hablara de mi deseo sobre tu sexo. Acariciando tus labios, recorriéndolos de extremo a extremo, desde tu culito hasta tu clítoris, suave y dulce, presionando ligeramente, saboreándolo como un su helado, y también cayendo en el abismo cuando se entreabren y me deslizó dentro de ti. Devorándote con toda la boca, llenándome de ti, chupando, lamiendo, succionando, como el hambriento ante su último plato, y sentirte mojada, caliente, agitada, suspirando y gimiendo hasta estallar en el más delicioso de tus orgasmos.

Y sentir el calor de tu boca en mi cuerpo, alrededor de mi miembro idolatrado como un fetiche que espera su turno. Y llenarte de él, de mí, y escucharte pedir de forma desesperada que te penetre una y otra vez, hasta encadenar un rosario infinito de orgasmos, una letanía de placer de la que solo tu cuerpo es capaz, Sentir uno tras otro en la agitación espasmódica de tu cuerpo, solo interrumpida por una profunda bocanada de aire, impregnada de todo el olor y sabor de nuestros cuerpos, que recupere tu difícil respiración, y gozar más y más...

...todavía es martes, un largo y delicioso martes para disfrutar juntos.

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-- Día de playa --
Publicado en:5 Mayo 2021 10:18 am
Última actualización en:24 Mayo 2021 2:15 am
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-- Día de playa --

Allí estaba, junto a la orilla, dejándose acariciar por el sol y jugando relajada con una pelota junto a su familia. A él, admirador apasionado de su delicioso cuerpo, le sorprendió que no usara bikini, sino un traje de baño completo con el que ocultaba gran parte del tesoro que era su cuerpo y qué tanto deseaba. Se preguntaba si era un requisito de su papel de madre formal, un rol que habitualmente le era ajeno y distante pues solo formaba parte de lo que ella le relataba sobre su día a día cuando no podían verse, y hasta ese día nunca la había visto imbuida en esa faceta. Y sin embargo, más tarde ella le confesaría que era por puro pudor y por sentir que ya hacía mucho que no conservaba su perfecta figura juvenil lo cual le resultó todavía si cabe más sorprendente. Él, que se consideraba de gustos exquisitos para con las mujeres, y no porque tuvieran que ser la imagen perfecta de ningún canon estético, y mucho menos un canon impuesto por alguna de las diversas industrias que pugnaba por ello, sino porque tenían que ser mujeres conscientes y orgullosas de sí mismas. Conscientes de su cuerpo, del gusto de hacerlo sentir, de dejarse querer y querer disfrutar, con la sensibilidad de dejarse tocar por las palabras y las manos, los labios, orgullosas del tiempo vivido y las huellas que la vida deja en el cuerpo, y no dejarse arrastrar por nimiedades ni convenciones sociales. Y allí, en la cúspide de esas mujeres exquisitas, la había encumbrado desde el primer momento en que empezaron a conocerse, pues incluso antes de que tuvieran el primer contacto la había sentido como una mujer tan consciente como segura de su precioso cuerpo.

Se limitó a contemplarla en la distancia, sin que notara su presencia, y a esperar pacientemente al día siguiente hasta la hora en que se habían citado, un encuentro, re-encuentro en realidad, largamente esperado por ambos y que habían planeado hacía mucho tiempo. Sin embargo y para su sorpresa, por la tarde, ella envió un mensaje diciéndole que no podría ir. Tan contenta estaba en la mañana que se había olvidado de la crema solar y el sol, que parecía acariciar su piel, la había estado arañando con fiereza hasta dejar abrasada y adolorida toda su piel, y ahora a duras penas podía aguantar la ropa y aún menos tumbarse en la cama. Le costó convencerla, pues sentía tanto el dolor y las molestias de las quemaduras del sol como el que no pudieran ni siquiera darse un abrazo, pero mientras intercambiaban discretos mensajes volvió a aflorar la necesidad y el deseo que tenían por verse y les había llevado hasta allí, y al final accedió a que se vieran aunque solo pudieran mirarse y conversar. No contestó cuando él lanzo un deseo al aire y le pidió que le permitiera cuidarla, y le dejara cubrir su dolorida piel con crema.

Para la cita habían elegido un pequeño hotel situado en un promontorio alejado de la zona turística, que en esas fechas era frecuentado principalmente por jubilados extranjeros. Él acudió temprano y se sentó en la terraza del restaurante, frente al mar, viendo cómo se alargaban las sombras y vencían los colores de la tarde, aunque sin perder de vista la entrada. Cinco minutos antes de la hora la vio llegar, llevaba el pelo recogido, lo que no era habitual en ella, y un vestido ligero de tirantes muy finos que dejaba sus hombros casi desnudos, él llamó su atención levantando un brazo y en cuanto se encontraron sus miradas una preciosa sonrisa le ilumino su cara, después hizo un gesto señalando sus hombros marcados por el sol acompañado de un expresivo gesto que pasó de un "mira lo que me sucedió" a un "lo siento". Mientras cruzaba la sala hasta la mesa se sintió observada y perseguida por las miradas de los pocos que había y aunque estaba acostumbrada a atraer las miradas de los hombres, esta vez se sintió especialmente incómoda y observada, pues era consciente de que el vestido resultaba demasiado revelador y aquellas miradas la hacían sentirse desnuda y desprotegida. Eligió el vestido de esa tarde no por presumir, o pretender seducir a nadie, sino por ser el más ligero y que menos contacto haría con su piel. En otra ocasión, pudorosa como era en público, habría llevado un fondo que evitara la transparencia de la tela y dejara entrever que bajo el vestido solo llevaba una sencilla braguita, la más cómoda que tenía, pero en esta ocasión prefirió evitar molestias y roces innecesarios. Incluso se recogió el pelo, que habitualmente llevaba suelto, para evitar que estuviera rozándole en los hombros lo que dejaba completamente a la vista sus hombros desnudos dejando a la vista marcados la piel enrojecida en contraste con las marcas del traje de baño. Apenas se maquilló, tan solo marco la línea de los ojos y dio brillo a sus labios, y cuando se miró al espejo antes de salir pensó: "Nada mal para una mujer a punto de saltar al abismo de los cincuenta". "Estás preciosa, más que el atardecer, siéntate" dijo él apartando la silla para que se sentara. "Gracias" respondió ella, mirando primero hacia el mar y luego al interior dijo "La vista esta preciosa, pero preferiría un poco más de intimidad" y añadió casi susurrando "Te importa si vamos a la habitación".

Iban a sentarse en la terraza de la habitación a contemplar como el sol terminaba de desaparecer por el horizonte pero al encontrarse a solas, a pesar de lo que habían hablado el día anterior, no pudieron resistirse, se besaron con dulzura, el dulzor dio paso al deseo y en enseguida sus labios se fundieron en un intenso beso y sus bocas se devoraban con fruición. Ella dio un respingo cuando las manos que abrazaban y ceñían su cintura subieron hasta sus hombros y los estrecharon con más intensidad. "Perdón, discúlpame" suplicó él mientras intentaba besar su hombro. Ella no dijo nada, pero se dio la vuelta y se acercó a mirar por la ventana sin decir palabra. El silencio que se hizo se rompió por un momento mientras el trasteaba por la habitación. No notó cuando se acercó de nuevo hasta ella y sus manos se posaron de nuevo sobre sus hombros, sin embargo, esta vez la cubría un calmante frescor que sustituía el irritante ardor de hacía un instante, y la delicia de sentir las manos acariciándola mientras extendían la crema por sus doloridos hombros. Sin dejar de extender la crema sobre sus hombros, él la giró, y volvieron a besarse de nuevo, y fue ella misma quien retiró los tirantes del vestido de sus hombros para dejar que las manos recorrieran libremente sus hombros, y él quién siguiendo el camino de los tirantes acariciaba sus brazos y luego bajaba sus manos por la espalda y el pecho extendiendo la crema muy despacio. "Voy a necesitar mucha más" le dijo ella con una sonrisa, mientras él llenaba sus manos de crema y ella empujaba el vestido hasta dejarlo caer a sus pies. Su cuerpo desnudo parecía ahora un mapa de contrastes: la piel castigada por el sol frente al invisible traje de baño que había quedado marcado sobre su piel y sus ahora palidecidos pechos, inflamados de deseo, contrastando aún más con la oscuridad de sus pezones que como dos bombones de chocolate oscuro ya lucían firmes y apretados coronando los pechos. Tomó las manos de él y las llevó hasta sus pechos, y cuando entre ambos los exprimieron, apretando ella sus manos contra las de él, no pudo evitar que de sus labios escapara un suspiro. Dejó que él deslizara sus manos hasta su cintura y acariciara su vientre, que dibujara con sus dedos, y luego besara con sus labios, la cicatriz que a ella tanto le avergonzaba y a él tanto le fascinaba. Arrodillado frente a ella, le quitó las bragas y abrazando sus piernas hundió su cara entre el vientre y el pubis velludo llenándose del delicioso aroma que tanto tiempo había extrañado.

En ese instante ella supo que ya solo quería dejarse llevar, dejarse tocar, acariciar, manosear, dejarse devorar por su boca, dejarse coger, follar, fundirse el uno en el otro, en el deseo y el placer propio y en el del otro, y que no habría molestia o dolor que pudiera impedirlo. Y así como él estaba entregado en ese momento a ella, idolatrando su cuerpo y su mente, volcando todo su deseo en el placer de ella, que era el propio, ella lo acompañó una vez más en ese viaje.

A mitad de la noche se asomó al balcón a contemplar el brillo de la luna sobre el mar, y se abrazó a sí misma cuando una leve brisa que parecía impulsada por la luna llena acariciaba su cuerpo desnudo. Cerro los ojos y pudo sentir en sus dedos su piel impregnada y como la brisa arrastraba hasta su nariz el aroma de la crema, del sudor de su cuerpo picoso pero sabroso, como el chile, del sudor de él, más acre e intenso como sus manos velludas cuando tocaban su cuerpo, y el intenso aroma del sexo complacido que le sacó una sonrisa. Abrió los ojos cuando notó su pecho velludo pegado a su espalda y sus brazos rodearon los suyos, echó la cabeza hacía atrás y la reposó en su hombro, y le susurró al oído: "Te necesito más"...

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-- Doloroso día --
Publicado en:23 Abril 2021 12:37 am
Última actualización en:25 Abril 2021 3:43 pm
5451 vistas

-- Doloroso día --

Primera sesión de rehabilitación. Espero que se vaya notando la mejoría y las próximas sesiones sean más tranquilas, porque hoy ha sido como ponerse en manos de la inquisición, nada más que la mazmorra era una limpia y luminosa sala, y los verdugos vestían de blanco y hablaban acompañados siempre de una amigable sonrisa. El resultado de la cama de torturas: el mismo a la inquisición vestida de negro. Con este dolor en la pierna se me quitan las ganas de casi todo. Ir a cualquier sitio se convierte en una pequeña tortura, digo pequeña por respeto a los torturados, porque a mí me trae a maltraer y me limito a lo irrenunciable, como la visita de hoy a la clínica, pero entre el paseo y la sesión, tengo la sospecha de que alguien se ha enterado de mis pecados y se ha propuesto expiarlos poniéndome bajo el yugo de esta inquisición. No veía el momento de llegar a casa.

¡Qué reconfortante la ducha!
Por momentos parece que el agua pudiera arrastrar no solo el sudor pegado a la piel, la suciedad del ambiente, sino hasta el dolor más interno. Adoro esta sensación bajo la regadera, aislada y ensordecida del mundo por una cortina de agua, purificándome, sintiendo mi cuerpo casi ingrávido y mi alma limpia. Ya el mero acto de desnudarme frente al espejo, sabiendo que me espera el chorro de agua purificador, me hace sentir cuerpo y mente libres: libres del tiempo, de achaques, de cicatrices invisibles, de prejuicios, me hace sentir ligera. A veces, al terminar, veo recorrer mi cuerpo todavía empapado por centenares de gotas de agua que resbalan, y siento que estuviera mudando la piel y tuviera un cuerpo nuevo. Hoy he sentido esa sensación incluso con mayor viveza que otros días.

Completamente renovada no quería volver a la realidad mundana, sin vestirme, totalmente desnuda, me he tumbado en la cama para dejarme llevar por los mundos cibernéticos donde los paseos no te castigan el cuerpo, más bien al revés. Un vistazo rápido al mundo oficial, el de los bancos, las facturas, los prejuicios y los que dirán, y después rumbo a esos entornos alternativos donde algunos se inventan un nuevo personaje y otras somos más reales, sin limitaciones, y donde puedo dar rienda suelta a mi yo más íntimo cargado de deseos tantos años reprimidos.

Contesto algún mensaje de algún respetuoso seguidor, y borro sin fijarme las repetitivas y monotemáticas fotos de "cabezas sin cerebro" en primer plano que algunos se empeñan en enviar sin venir a cuento. ¿Se enterarán algún día de que no despiertan ningún interés sin saber quién hay detrás? A quien echo en falta es a mi escritor, hace días que no intercambiamos mensajes, le envío un estímulo con un sencillo "¿Cómo estás?". Tengo la percepción de que es un tanto pasivo y reactivo, y funciona respondiendo a estímulos, aunque también he de reconocer que tiene su vida y obligaciones, e igual me pasa a mí, que tampoco hasta ahora le he dicho nada nuevo, pero creo que soy yo la que rompe los silencios cuando se alargan. A pesar de ello, se ha convertido en mi seguidor preferido, se ha convertido en mi escritor de cabecera, en este momento casi diría que mi escritor favorito (con perdón de los grandes a los que tengo un poquito abandonados). Es merecido y se lo ha ganado con sus palabras. Sus palabras y su comportamiento.

Transmite esa sensación de sentirte siempre respetada y tratada como una dama, me encanta. A lo mejor para eso ambos ya somos un poco anticuados, cosas de la edad como mis achaques, pero siempre me han seducido un hombre que sea un caballero educado y de buenos modales.
Es un cielo, me encanta como me trata, tan respetuoso y caballeroso, siempre cortes y con una palabra para levantarme el ánimo cuando me siento de bajada. Y sin embargo, debajo de esa fachada tan formal esconde ese punto tan excitante y morboso que despliega cada vez que me escribe un relato. A veces pareciera que me conoce de toda la vida, y realmente encuentra y pulsa la tecla hace vibrar mis emociones y sentimientos. Literalmente me hace estremecer, es capaz de arrancarme una lágrima y hasta hacerme mojar las bragas, eso cuando las llevo puestas. Pareciera que estaba esperando el estímulo, porque me contesta casi de inmediato a mi mensaje. Cómo me pregunta también como me encuentro, además de contarle brevemente mi sesión de tortura le respondo implícitamente con una foto que me hago en ese momento. Me encantaría que su lado más canalla me contestará ahora mismo, en realidad lo necesito, pero siempre se toma su tiempo para responder, aunque la espera siempre merece la pena. No quiero seguir hablando con él ahora. En lugar de picar el anzuelo de la foto, me pregunta por mi estado de salud, y aunque intenta darme un empujón anímico, desearme una pronta recuperación e incluso adularme, no es esto lo que quiero y lo que necesito ahora. No se si le cuesta leer entre líneas, o se siente más cómodo construyendo sus relatos.

Sin embargo, cuando voy a despedirme, me contesta con su misterioso: "You've got an e-mail", y como una colegiala corro a revisar el correo. Tengo una corazonada, y antes tomo del cajón mi larguísimo collar de perlas, quien diría cuando me lo regalo el difunto que sería su sustituto y acabaría dándome mucho más placer que él. Sujeto un extremo con una mano, y lo dejo entre mis piernas, acariciando el muslo y el vientre. Me ha enviado un relato (¿Lo tendría a medio escribir?). Antes de empezar a leer, al contacto de las perlas y la emoción de la lectura, ya siento la excitación y la naciente humedad en mi interior. Ha escrito en primera persona y como si me estuviera hablando, lo que me hace sentir de forma más intensa y personal la historia. Somos nosotros dos.

Comienzo a leer. Voy dibujando en mi mente las imágenes del relato, su cuerpo velludo, mi cuerpo excitado a merced de sus manos, la piel brillante, su cara atrapada entre mis piernas, su verga enhiesta como un mástil (esta sí me gusto verla cuando me envió una foto, y hasta extraño ver más, aunque nunca se lo he dicho), mis pechos turgentes entre sus manos, los labios buscándose en besos intensos e infinitos... No sé si serán las ganas, o la necesidad que tengo, o su inspiración, pero enseguida siento como sin tocarme mis jugos se derraman entre mis piernas y necesito más sensaciones en mi cuerpo. Llevo la mano que sostenía el collar hasta mi entrepierna, que enseguida se moja de mis jugos, y empiezo a empujar las perlas una a una dentro de mí, siento en mi culito, en mis piernas, la caricia del collar deslizándose, y al cruzar el umbral de mis labios una caricia de cada perla que siento como me va llenando. De cuando en cuando, al recibir una nueva perla, se reacomodan todas las que ya estaban dentro de mi rozándome en todas las paredes y haciéndome chorrear como una fuente. Así, poco a poco, hasta hacer desaparecer todas las perlas dentro de mí. Siento todo mi cuerpo al rojo, ardiendo, y sin tocarlos puedo notar en mis pechos como se han contraído los pezones, su dureza y excitación.

Detengo la lectura y suelto el teléfono para agarrar y sentir mis pechos con la mano liberada, pellizco los pezones entre dos dedos lo que me proporciona más placer que dolor, y con la otra mano comienzo a tirar del collar. Lo extraigo deslizándolo rozando mi clítoris que al descubierto e inflamado comienza a palpitar acompasado por el roce de las perlas. Antes de que haya salido todo el collar siento como todo mi cuerpo se estremece, me tiemblan las piernas, siento mi vientre trepidar por la agitación que viene desde dentro, y los labios que en medio de la respiración entrecortada dejan escapar tandas de gemidos hasta que un alarido final se acompasa con la riada que se desborda entre mis piernas. Extasiada, con el cuerpo todavía tembloroso y cubierto de sudor, me quedo tumbada boca arriba mientras termino de sacar el collar entre mis piernas para llevarlo a mi boca. Lo limpio y saboreo mis propios jugos como si estuvieran mezclados con los suyos.

Todavía siento el corazón acelerado bajo mi pecho, cuando escucho que llaman a la puerta. Quién será qué tan inoportuno es, y además es ya tarde. Me cuelgo el collar con varias vueltas al cuello, y me pongo el albornoz que todavía está mojado, y una toalla en la cabeza. No doy crédito a mis ojos cuando al abrir a quien encuentro en el umbral de la puerta es a mi escritor...
3 comentarios
-- Deliciaaaaa --
Publicado en:5 Abril 2021 9:24 am
Última actualización en:6 Abril 2021 11:12 am
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-- Deliciaaaaa --

¡Qué delicia! Cuando juegas a hacerte el inocente pero tu mirada, tu cuerpo, irradian deseo y siento tus manos en mis pechos que se hinchan de gozo y se desbordan entre tus dedos, y me siento tuya y me desnudo para ti, y me entrego a tí. Una corriente sube desde mis pechos, los hace contraerse sobre sí mismos, cuando tus dedos rozan mis pezones, juguetean con ellos inflamados, sensibles, y los aprietas y los estiras, hasta que los siento perderse dentro de tu boca. ¡Qué deliciosa sensación! sentir mi pecho atrapado en tu boca, tu lengua apretándose contra mi pezón cada vez más excitado: ten mi bebé llénate de mí hasta saciarte. Dejo escapar un gemido cada vez que succionas con fuerza como si estuviera a punto de manar la leche que ya no tengo.

No puedo contener el ardor de mi cuerpo que en ebullición transpira de gozo por todos sus poros, siento como brota entre mis piernas la humedad que me moja por dentro y resbalan las gotas por mi piel erizada. La contagiosa excitación también ha invadido tu cuerpo que siento más viril que nunca, y enarbola enhiesto y orgulloso el ariete que derriba las puertas de mi pasión.

Ya no puedo esperar más, me urge sentirte dentro, así me encaramo a tus piernas y deslizándome lúbricamente sobre mis propios jugos te acojo en mi seno, me ensarto con tu verga hasta acoplar nuestros cuerpos. Acomodo mis caderas y cabalgo sobre tí como amazona dominando a su potro, marcando el ritmo de mi deseo, el que te lleva a lo más profundo de mi seno para hacerme alcanzar el más intenso placer. Hasta sentirme colmada de ti y que mi cuerpo vibre, palpite y se estremezca. Acompañando mi galope, tu boca que había tomado mis pechos de nuevo y los devoraba con ritmo acompasado a su balanceo, sublima mi gozo provocando el choque de dos corrientes cuando confluye y colisiona con la corriente que sube desde mi interior, reverberando en oleadas interminables por todo mi cuerpo hasta perder la noción de tiempo y espacio. Sin fuerzas, vencida por el goce de mi cuerpo, solo viene una palabra a mi mente: ¡Deliciaaaa!
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