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-- Día de playa --
Publicado en:5 Mayo 2021 10:18 am
Última actualización en:6 Mayo 2021 3:22 am
563 vistas

-- Día de playa --

Allí estaba, junto a la orilla, dejándose acariciar por el sol y jugando relajada con una pelota junto a su familia. A él, admirador apasionado de su delicioso cuerpo, le sorprendió que no usara bikini, sino un traje de baño completo con el que ocultaba gran parte del tesoro que era su cuerpo y qué tanto deseaba. Se preguntaba si era un requisito de su papel de madre formal, un rol que habitualmente le era ajeno y distante pues solo formaba parte de lo que ella le relataba sobre su día a día cuando no podían verse, y hasta ese día nunca la había visto imbuida en esa faceta. Y sin embargo, más tarde ella le confesaría que era por puro pudor y por sentir que ya hacía mucho que no conservaba su perfecta figura juvenil lo cual le resultó todavía si cabe más sorprendente. Él, que se consideraba de gustos exquisitos para con las mujeres, y no porque tuvieran que ser la imagen perfecta de ningún canon estético, y mucho menos un canon impuesto por alguna de las diversas industrias que pugnaba por ello, sino porque tenían que ser mujeres conscientes y orgullosas de sí mismas. Conscientes de su cuerpo, del gusto de hacerlo sentir, de dejarse querer y querer disfrutar, con la sensibilidad de dejarse tocar por las palabras y las manos, los labios, orgullosas del tiempo vivido y las huellas que la vida deja en el cuerpo, y no dejarse arrastrar por nimiedades ni convenciones sociales. Y allí, en la cúspide de esas mujeres exquisitas, la había encumbrado desde el primer momento en que empezaron a conocerse, pues incluso antes de que tuvieran el primer contacto la había sentido como una mujer tan consciente como segura de su precioso cuerpo.

Se limitó a contemplarla en la distancia, sin que notara su presencia, y a esperar pacientemente al día siguiente hasta la hora en que se habían citado, un encuentro, re-encuentro en realidad, largamente esperado por ambos y que habían planeado hacía mucho tiempo. Sin embargo y para su sorpresa, por la tarde, ella envió un mensaje diciéndole que no podría ir. Tan contenta estaba en la mañana que se había olvidado de la crema solar y el sol, que parecía acariciar su piel, la había estado arañando con fiereza hasta dejar abrasada y adolorida toda su piel, y ahora a duras penas podía aguantar la ropa y aún menos tumbarse en la cama. Le costó convencerla, pues sentía tanto el dolor y las molestias de las quemaduras del sol como el que no pudieran ni siquiera darse un abrazo, pero mientras intercambiaban discretos mensajes volvió a aflorar la necesidad y el deseo que tenían por verse y les había llevado hasta allí, y al final accedió a que se vieran aunque solo pudieran mirarse y conversar. No contestó cuando él lanzo un deseo al aire y le pidió que le permitiera cuidarla, y le dejara cubrir su dolorida piel con crema.

Para la cita habían elegido un pequeño hotel situado en un promontorio alejado de la zona turística, que en esas fechas era frecuentado principalmente por jubilados extranjeros. Él acudió temprano y se sentó en la terraza del restaurante, frente al mar, viendo cómo se alargaban las sombras y vencían los colores de la tarde, aunque sin perder de vista la entrada. Cinco minutos antes de la hora la vio llegar, llevaba el pelo recogido, lo que no era habitual en ella, y un vestido ligero de tirantes muy finos que dejaba sus hombros casi desnudos, él llamó su atención levantando un brazo y en cuanto se encontraron sus miradas una preciosa sonrisa le ilumino su cara, después hizo un gesto señalando sus hombros marcados por el sol acompañado de un expresivo gesto que pasó de un "mira lo que me sucedió" a un "lo siento". Mientras cruzaba la sala hasta la mesa se sintió observada y perseguida por las miradas de los pocos que había y aunque estaba acostumbrada a atraer las miradas de los hombres, esta vez se sintió especialmente incómoda y observada, pues era consciente de que el vestido resultaba demasiado revelador y aquellas miradas la hacían sentirse desnuda y desprotegida. Eligió el vestido de esa tarde no por presumir, o pretender seducir a nadie, sino por ser el más ligero y que menos contacto haría con su piel. En otra ocasión, pudorosa como era en público, habría llevado un fondo que evitara la transparencia de la tela y dejara entrever que bajo el vestido solo llevaba una sencilla braguita, la más cómoda que tenía, pero en esta ocasión prefirió evitar molestias y roces innecesarios. Incluso se recogió el pelo, que habitualmente llevaba suelto, para evitar que estuviera rozándole en los hombros lo que dejaba completamente a la vista sus hombros desnudos dejando a la vista marcados la piel enrojecida en contraste con las marcas del traje de baño. Apenas se maquilló, tan solo marco la línea de los ojos y dio brillo a sus labios, y cuando se miró al espejo antes de salir pensó: "Nada mal para una mujer a punto de saltar al abismo de los cincuenta". "Estás preciosa, más que el atardecer, siéntate" dijo él apartando la silla para que se sentara. "Gracias" respondió ella, mirando primero hacia el mar y luego al interior dijo "La vista esta preciosa, pero preferiría un poco más de intimidad" y añadió casi susurrando "Te importa si vamos a la habitación".

Iban a sentarse en la terraza de la habitación a contemplar como el sol terminaba de desaparecer por el horizonte pero al encontrarse a solas, a pesar de lo que habían hablado el día anterior, no pudieron resistirse, se besaron con dulzura, el dulzor dio paso al deseo y en enseguida sus labios se fundieron en un intenso beso y sus bocas se devoraban con fruición. Ella dio un respingo cuando las manos que abrazaban y ceñían su cintura subieron hasta sus hombros y los estrecharon con más intensidad. "Perdón, discúlpame" suplicó él mientras intentaba besar su hombro. Ella no dijo nada, pero se dio la vuelta y se acercó a mirar por la ventana sin decir palabra. El silencio que se hizo se rompió por un momento mientras el trasteaba por la habitación. No notó cuando se acercó de nuevo hasta ella y sus manos se posaron de nuevo sobre sus hombros, sin embargo, esta vez la cubría un calmante frescor que sustituía el irritante ardor de hacía un instante, y la delicia de sentir las manos acariciándola mientras extendían la crema por sus doloridos hombros. Sin dejar de extender la crema sobre sus hombros, él la giró, y volvieron a besarse de nuevo, y fue ella misma quien retiró los tirantes del vestido de sus hombros para dejar que las manos recorrieran libremente sus hombros, y él quién siguiendo el camino de los tirantes acariciaba sus brazos y luego bajaba sus manos por la espalda y el pecho extendiendo la crema muy despacio. "Voy a necesitar mucha más" le dijo ella con una sonrisa, mientras él llenaba sus manos de crema y ella empujaba el vestido hasta dejarlo caer a sus pies. Su cuerpo desnudo parecía ahora un mapa de contrastes: la piel castigada por el sol frente al invisible traje de baño que había quedado marcado sobre su piel y sus ahora palidecidos pechos, inflamados de deseo, contrastando aún más con la oscuridad de sus pezones que como dos bombones de chocolate oscuro ya lucían firmes y apretados coronando los pechos. Tomó las manos de él y las llevó hasta sus pechos, y cuando entre ambos los exprimieron, apretando ella sus manos contra las de él, no pudo evitar que de sus labios escapara un suspiro. Dejó que él deslizara sus manos hasta su cintura y acariciara su vientre, que dibujara con sus dedos, y luego besara con sus labios, la cicatriz que a ella tanto le avergonzaba y a él tanto le fascinaba. Arrodillado frente a ella, le quitó las bragas y abrazando sus piernas hundió su cara entre el vientre y el pubis velludo llenándose del delicioso aroma que tanto tiempo había extrañado.

En ese instante ella supo que ya solo quería dejarse llevar, dejarse tocar, acariciar, manosear, dejarse devorar por su boca, dejarse coger, follar, fundirse el uno en el otro, en el deseo y el placer propio y en el del otro, y que no habría molestia o dolor que pudiera impedirlo. Y así como él estaba entregado en ese momento a ella, idolatrando su cuerpo y su mente, volcando todo su deseo en el placer de ella, que era el propio, ella lo acompañó una vez más en ese viaje.

A mitad de la noche se asomó al balcón a contemplar el brillo de la luna sobre el mar, y se abrazó a sí misma cuando una leve brisa que parecía impulsada por la luna llena acariciaba su cuerpo desnudo. Cerro los ojos y pudo sentir en sus dedos su piel impregnada y como la brisa arrastraba hasta su nariz el aroma de la crema, del sudor de su cuerpo picoso pero sabroso, como el chile, del sudor de él, más acre e intenso como sus manos velludas cuando tocaban su cuerpo, y el intenso aroma del sexo complacido que le sacó una sonrisa. Abrió los ojos cuando notó su pecho velludo pegado a su espalda y sus brazos rodearon los suyos, echó la cabeza hacía atrás y la reposó en su hombro, y le susurró al oído: "Te necesito más"...

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-- Doloroso día --
Publicado en:23 Abril 2021 12:37 am
Última actualización en:25 Abril 2021 3:43 pm
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-- Doloroso día --

Primera sesión de rehabilitación. Espero que se vaya notando la mejoría y las próximas sesiones sean más tranquilas, porque hoy ha sido como ponerse en manos de la inquisición, nada más que la mazmorra era una limpia y luminosa sala, y los verdugos vestían de blanco y hablaban acompañados siempre de una amigable sonrisa. El resultado de la cama de torturas: el mismo a la inquisición vestida de negro. Con este dolor en la pierna se me quitan las ganas de casi todo. Ir a cualquier sitio se convierte en una pequeña tortura, digo pequeña por respeto a los torturados, porque a mí me trae a maltraer y me limito a lo irrenunciable, como la visita de hoy a la clínica, pero entre el paseo y la sesión, tengo la sospecha de que alguien se ha enterado de mis pecados y se ha propuesto expiarlos poniéndome bajo el yugo de esta inquisición. No veía el momento de llegar a casa.

¡Qué reconfortante la ducha!
Por momentos parece que el agua pudiera arrastrar no solo el sudor pegado a la piel, la suciedad del ambiente, sino hasta el dolor más interno. Adoro esta sensación bajo la regadera, aislada y ensordecida del mundo por una cortina de agua, purificándome, sintiendo mi cuerpo casi ingrávido y mi alma limpia. Ya el mero acto de desnudarme frente al espejo, sabiendo que me espera el chorro de agua purificador, me hace sentir cuerpo y mente libres: libres del tiempo, de achaques, de cicatrices invisibles, de prejuicios, me hace sentir ligera. A veces, al terminar, veo recorrer mi cuerpo todavía empapado por centenares de gotas de agua que resbalan, y siento que estuviera mudando la piel y tuviera un cuerpo nuevo. Hoy he sentido esa sensación incluso con mayor viveza que otros días.

Completamente renovada no quería volver a la realidad mundana, sin vestirme, totalmente desnuda, me he tumbado en la cama para dejarme llevar por los mundos cibernéticos donde los paseos no te castigan el cuerpo, más bien al revés. Un vistazo rápido al mundo oficial, el de los bancos, las facturas, los prejuicios y los que dirán, y después rumbo a esos entornos alternativos donde algunos se inventan un nuevo personaje y otras somos más reales, sin limitaciones, y donde puedo dar rienda suelta a mi yo más íntimo cargado de deseos tantos años reprimidos.

Contesto algún mensaje de algún respetuoso seguidor, y borro sin fijarme las repetitivas y monotemáticas fotos de "cabezas sin cerebro" en primer plano que algunos se empeñan en enviar sin venir a cuento. ¿Se enterarán algún día de que no despiertan ningún interés sin saber quién hay detrás? A quien echo en falta es a mi escritor, hace días que no intercambiamos mensajes, le envío un estímulo con un sencillo "¿Cómo estás?". Tengo la percepción de que es un tanto pasivo y reactivo, y funciona respondiendo a estímulos, aunque también he de reconocer que tiene su vida y obligaciones, e igual me pasa a mí, que tampoco hasta ahora le he dicho nada nuevo, pero creo que soy yo la que rompe los silencios cuando se alargan. A pesar de ello, se ha convertido en mi seguidor preferido, se ha convertido en mi escritor de cabecera, en este momento casi diría que mi escritor favorito (con perdón de los grandes a los que tengo un poquito abandonados). Es merecido y se lo ha ganado con sus palabras. Sus palabras y su comportamiento.

Transmite esa sensación de sentirte siempre respetada y tratada como una dama, me encanta. A lo mejor para eso ambos ya somos un poco anticuados, cosas de la edad como mis achaques, pero siempre me han seducido un hombre que sea un caballero educado y de buenos modales.
Es un cielo, me encanta como me trata, tan respetuoso y caballeroso, siempre cortes y con una palabra para levantarme el ánimo cuando me siento de bajada. Y sin embargo, debajo de esa fachada tan formal esconde ese punto tan excitante y morboso que despliega cada vez que me escribe un relato. A veces pareciera que me conoce de toda la vida, y realmente encuentra y pulsa la tecla hace vibrar mis emociones y sentimientos. Literalmente me hace estremecer, es capaz de arrancarme una lágrima y hasta hacerme mojar las bragas, eso cuando las llevo puestas. Pareciera que estaba esperando el estímulo, porque me contesta casi de inmediato a mi mensaje. Cómo me pregunta también como me encuentro, además de contarle brevemente mi sesión de tortura le respondo implícitamente con una foto que me hago en ese momento. Me encantaría que su lado más canalla me contestará ahora mismo, en realidad lo necesito, pero siempre se toma su tiempo para responder, aunque la espera siempre merece la pena. No quiero seguir hablando con él ahora. En lugar de picar el anzuelo de la foto, me pregunta por mi estado de salud, y aunque intenta darme un empujón anímico, desearme una pronta recuperación e incluso adularme, no es esto lo que quiero y lo que necesito ahora. No se si le cuesta leer entre líneas, o se siente más cómodo construyendo sus relatos.

Sin embargo, cuando voy a despedirme, me contesta con su misterioso: "You've got an e-mail", y como una colegiala corro a revisar el correo. Tengo una corazonada, y antes tomo del cajón mi larguísimo collar de perlas, quien diría cuando me lo regalo el difunto que sería su sustituto y acabaría dándome mucho más placer que él. Sujeto un extremo con una mano, y lo dejo entre mis piernas, acariciando el muslo y el vientre. Me ha enviado un relato (¿Lo tendría a medio escribir?). Antes de empezar a leer, al contacto de las perlas y la emoción de la lectura, ya siento la excitación y la naciente humedad en mi interior. Ha escrito en primera persona y como si me estuviera hablando, lo que me hace sentir de forma más intensa y personal la historia. Somos nosotros dos.

Comienzo a leer. Voy dibujando en mi mente las imágenes del relato, su cuerpo velludo, mi cuerpo excitado a merced de sus manos, la piel brillante, su cara atrapada entre mis piernas, su verga enhiesta como un mástil (esta sí me gusto verla cuando me envió una foto, y hasta extraño ver más, aunque nunca se lo he dicho), mis pechos turgentes entre sus manos, los labios buscándose en besos intensos e infinitos... No sé si serán las ganas, o la necesidad que tengo, o su inspiración, pero enseguida siento como sin tocarme mis jugos se derraman entre mis piernas y necesito más sensaciones en mi cuerpo. Llevo la mano que sostenía el collar hasta mi entrepierna, que enseguida se moja de mis jugos, y empiezo a empujar las perlas una a una dentro de mí, siento en mi culito, en mis piernas, la caricia del collar deslizándose, y al cruzar el umbral de mis labios una caricia de cada perla que siento como me va llenando. De cuando en cuando, al recibir una nueva perla, se reacomodan todas las que ya estaban dentro de mi rozándome en todas las paredes y haciéndome chorrear como una fuente. Así, poco a poco, hasta hacer desaparecer todas las perlas dentro de mí. Siento todo mi cuerpo al rojo, ardiendo, y sin tocarlos puedo notar en mis pechos como se han contraído los pezones, su dureza y excitación.

Detengo la lectura y suelto el teléfono para agarrar y sentir mis pechos con la mano liberada, pellizco los pezones entre dos dedos lo que me proporciona más placer que dolor, y con la otra mano comienzo a tirar del collar. Lo extraigo deslizándolo rozando mi clítoris que al descubierto e inflamado comienza a palpitar acompasado por el roce de las perlas. Antes de que haya salido todo el collar siento como todo mi cuerpo se estremece, me tiemblan las piernas, siento mi vientre trepidar por la agitación que viene desde dentro, y los labios que en medio de la respiración entrecortada dejan escapar tandas de gemidos hasta que un alarido final se acompasa con la riada que se desborda entre mis piernas. Extasiada, con el cuerpo todavía tembloroso y cubierto de sudor, me quedo tumbada boca arriba mientras termino de sacar el collar entre mis piernas para llevarlo a mi boca. Lo limpio y saboreo mis propios jugos como si estuvieran mezclados con los suyos.

Todavía siento el corazón acelerado bajo mi pecho, cuando escucho que llaman a la puerta. Quién será qué tan inoportuno es, y además es ya tarde. Me cuelgo el collar con varias vueltas al cuello, y me pongo el albornoz que todavía está mojado, y una toalla en la cabeza. No doy crédito a mis ojos cuando al abrir a quien encuentro en el umbral de la puerta es a mi escritor...
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-- Deliciaaaaa --
Publicado en:5 Abril 2021 9:24 am
Última actualización en:6 Abril 2021 11:12 am
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-- Deliciaaaaa --

¡Qué delicia! Cuando juegas a hacerte el inocente pero tu mirada, tu cuerpo, irradian deseo y siento tus manos en mis pechos que se hinchan de gozo y se desbordan entre tus dedos, y me siento tuya y me desnudo para ti, y me entrego a tí. Una corriente sube desde mis pechos, los hace contraerse sobre sí mismos, cuando tus dedos rozan mis pezones, juguetean con ellos inflamados, sensibles, y los aprietas y los estiras, hasta que los siento perderse dentro de tu boca. ¡Qué deliciosa sensación! sentir mi pecho atrapado en tu boca, tu lengua apretándose contra mi pezón cada vez más excitado: ten mi bebé llénate de mí hasta saciarte. Dejo escapar un gemido cada vez que succionas con fuerza como si estuviera a punto de manar la leche que ya no tengo.

No puedo contener el ardor de mi cuerpo que en ebullición transpira de gozo por todos sus poros, siento como brota entre mis piernas la humedad que me moja por dentro y resbalan las gotas por mi piel erizada. La contagiosa excitación también ha invadido tu cuerpo que siento más viril que nunca, y enarbola enhiesto y orgulloso el ariete que derriba las puertas de mi pasión.

Ya no puedo esperar más, me urge sentirte dentro, así me encaramo a tus piernas y deslizándome lúbricamente sobre mis propios jugos te acojo en mi seno, me ensarto con tu verga hasta acoplar nuestros cuerpos. Acomodo mis caderas y cabalgo sobre tí como amazona dominando a su potro, marcando el ritmo de mi deseo, el que te lleva a lo más profundo de mi seno para hacerme alcanzar el más intenso placer. Hasta sentirme colmada de ti y que mi cuerpo vibre, palpite y se estremezca. Acompañando mi galope, tu boca que había tomado mis pechos de nuevo y los devoraba con ritmo acompasado a su balanceo, sublima mi gozo provocando el choque de dos corrientes cuando confluye y colisiona con la corriente que sube desde mi interior, reverberando en oleadas interminables por todo mi cuerpo hasta perder la noción de tiempo y espacio. Sin fuerzas, vencida por el goce de mi cuerpo, solo viene una palabra a mi mente: ¡Deliciaaaa!
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- Palabras para regalar -
Publicado en:30 Marzo 2021 3:39 am
Última actualización en:1 Abril 2021 11:10 am
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- Palabras para regalar -

Poesía de la sensualidad, eso eres,
que hace revolotear las palabras en mi mente
no son palabras para guardarme,
sino para regalarte
palabras para rozar tu piel,
palabras para besar tus labios,
para penetrar en ti, en tu cuerpo,
y en tu alma también
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-- No sé si es --
Publicado en:25 Marzo 2021 11:43 am
Última actualización en:21 Abril 2021 11:40 am
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-- No sé si es --

No sé si es la forma en que me miran tus ojos, en que me siento atrapar por tu mirada.
No sé si es el sabor que tus labios dejan en mi boca.
No sé si es el roce de tu piel que todavía siento en mis dedos.
No sé si es..., no sé qué es.

Y sin embargo, sé que tan solo con recordarte un instante, imaginarte, mi mente te trae a mi lado, y la esencia de tu ser, el perfume de tu cuerpo me inunda y activa mi mente y mi cuerpo, y te encarna a mi lado. De pronto mi cuerpo se contagia del calor de tu cuerpo pegado a mí y esa sensación de tenerte a mi lado, más poderosa que cualquier alucinógeno, moviliza todas mis emociones, agita mi mente y acelera mi pulso, enciende todo mi cuerpo. Mis manos se lanzan aventureras a recorrer tu cuerpo que se entrega a ellas, se deja querer. Es un mundo de sensaciones de ida y vuelta, y al recibir el regalo de tus pechos puedo sentir tus pezones duros y oscurecidos buscando el tacto de mis dedos. Se unen tus caderas a las mías y creamos un nuevo centro de gravedad en torno al que orbitan todos nuestros movimientos y hasta nuestros pensamientos unidos en esta búsqueda mutua del placer del otro, y del placer a través del otro. Se inflama y se dilata tu cuerpo igual que tu deseo, y el calor y la humedad entre tus piernas me impregna como un verano tropical, y no, no son los ruidos de la jungla los que llenan mis oídos, sino los sonidos que por primitivos y ancestrales, son más puros y verdaderos, suspiros y jadeos que apenas dejan en libertad alguna palabra como versos sueltos de deseo, y se tornan en bravíos gemidos hasta que en su cenit, es tal la agitación, que entrecortada la respiración hasta casi detenerse enmudece el cuerpo y crea un silencio.

Abro los ojos entonces, y no estás, pero al cerrarlos de nuevo el recuerdo de tu perfume me lleva hasta ti una vez más...

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-- ¿Dónde estás...? --
Publicado en:20 Marzo 2021 5:08 pm
Última actualización en:21 Abril 2021 11:38 am
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-- ¿Dónde estás...? --

Me desperezó tu voz entre sueños: "¿Dónde estás...?" decías. Enredados nuestros cuerpos y exhaustos de placer, nos había vencido el sueño cuando abrazados y entre caricias que se deslizaban sobre la piel, sudorosa todavía, sentíamos el hormigueo del placer recorriéndonos, como si fueran réplicas de los ramalazos de placer que minutos antes restallaban con deliciosa violencia en nuestros cuerpos. Abrí mis ojos, y con voz muy queda para no despertarte, retirando un mechón de tu frente mientras te acariciaba y dibujaba tus cejas, susurré a tu oido: "A tu lado, dónde me querías tener, y donde yo quería estar", y como si me hubieras escuchado desde el mundo de ensueño en el que estabas se estiraron y arquearon tus labios formando una sonrisa.

Recorrí con mis ojos tu cuerpo desnudo, y a mi mirada le seguían mis dedos, pura sensualidad encarnada en tu piel morena, la voluptuosidad encarnada en el volumen de tus pechos encumbrados de dulce cacao, oscuro y delicioso xocoatl, en la curva de tus caderas y tus nalgas, que se alargan caprichosas por tus piernas. Al posar mis labios sobre tu piel se llenó mi boca del sabor salado que la impregnaba, y el aroma persistente del sexo reciente sobre tu piel inundaba mi nariz, trayendo a mi mente el sonido de tus orgasmos: el entrechocar de nuestros cuerpos, la lubricidad de tu cuerpo que se abre una y otra vez por el ariete fecundador, suspiros y gemidos contenidos hasta que desatan su furia de placer, irresistible como la llamada de las sirenas al sagaz Odiseo. Ahí estábamos los dos, el uno para el otro, henchidos de deseo, aprehendiéndonos, mía, tuyo, poseyéndonos sin mesura y gozándonos. Despertando de nuevo, mis manos reclamando de nuevo tu cuerpo, apropiándose de él, tus caderas cimbreándose apretándose contra mí y acomodando el paso entre tus piernas, sin prisa, solo con la urgencia de procurarnos el más delicioso de los placeres.

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-- ¿Puedo? --
Publicado en:14 Marzo 2021 4:14 pm
Última actualización en:5 Abril 2021 9:22 am
2124 vistas

-- ¿Puedo? --

- ¿Puedo? - Te pregunto simulando inocencia y muy consciente de la respuesta que esperaba
- ¡ Claro que puedes ! - contestas con una mezcla de deseo e indignación por la absurda pregunta, mientras me sonrío por el tono de tu respuesta. Y acerco mis manos hasta las tuyas que todavía sostienen y ofrecen generosas tus pechos después de bajar con provocación y sensualidad el escote de tu vestido.

Cuando sobre tus manos agarro y aprieto tus pechos, dejas escapar un suspiro de tus labios y a continuación retiras tus manos para sentir como tus pechos llenan las mías, te incorporas hacia delante para que todo su peso y volumen se venzan completamente sobre mis manos, que se sientan apabulladas e incapaces de contenerlos cuando gravitan libres. De pronto siento toda la voluptuosidad de tu cuerpo concentrada en tus pechos, en mis manos, cada una haciéndose dueña de su respectivo, llenas de deseo, agarrando, sobando, amasando, apretando uno contra otro y transmitiendo la excitación de tenerte por todo mi cuerpo. Acerco mis boca hasta uno de ellos, lo beso, lo chupo, siento el pezoncito erizado, que se retuerce y endurece cuando siente mi lengua y luego lo aprieto entre mis labios, y me lleno la boca con todo el pecho, y al sentir como lo succiono, como lo mamo, se acelera tu respiración y escapan suspiros y gemidos de tus labios a la vez que una corriente eriza toda tu piel, y te aprietas contra mí para alimentarme, para alimentar aún más mi excitación y el deseo que sientes crecer y apretarse contra tus braguitas que se están empapando del néctar, fruto de tu deseo que no puedes evitar se escape.

Solo interrumpimos, en imperceptibles instantes, este cortejo del deseo para irnos deshaciendo de las prendas que importunan la necesidad de nuestros cuerpos de sentirse el uno al otro al completo, tu vestido, tus braguitas mojadas, mi camisa y mis calzones, y mientras despedimos a cada prenda medimos el cuerpo del otro acompañando con las manos su adiós. Y cuando sientes rozar tus manos con la turgencia de mi verga excitada, llena de deseo, no puedes resistir el impulso de encaramarte y ensartarte en ese mástil de placer, y como domadora de potros salvajes, a puro pelo y sin rienda, acomodas tus caderas sobre mí y marcas el ritmo del trote y el galope de tu deseo hasta quedar casi sin sentido y tu cuerpo sacudido a borbotones por un estremecimiento que te deja sin control
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-- So long... --
Publicado en:13 Marzo 2021 11:37 am
Última actualización en:22 Marzo 2021 6:13 am
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-- So long... --

Tanto tiempo esperando, un tiempo que a la fuerza rellenamos sólo con imágenes y palabras, un tiempo largo, interminable, aislado y solitario, de trabajos manuales, pensando en un tiempo pasado que no sabíamos ni cuándo ni cómo recuperaríamos, casi como quien espera la llegada de un mesías, con ansía, con deseo, con prudencia, con fe.
Me pedí el día libre en el trabajo para hacerlo aún más especial, y aunque por la inercia del día a día me desperté temprano, con desdén por el naciente día, di media vuelta en la cama y me dejé llevar hasta que el sol reinó en lo más alto del cielo. Solo entonces inicié el rito de preparación, casi una liturgia religiosa, disfrutando con parsimonia de cada una de sus etapas, en cada pequeño paso. Primero, un pausado y delicioso desayuno sentada frente al ventanal contemplando el jardín que ya quería reverdecer, después preparé un largo y relajante baño de agua caliente en el que dejé acariciar mi cuerpo por el agua como estaba deseando que lo hicieran tus manos tanto tiempo extrañadas, y antes de salir de la bañera una breve pero intensa ducha de agua fría que hiciera despertar todos mis músculos, después me envolví con premura en el albornoz y fui a elegir la ropa. Algo sencillo pero elegante, sensual pero sin ser evidente, no quería sentirme ni parecer desesperada aunque al igual que muchas me hubiera sentido así muchas veces durante los largos meses de encierro y aislamiento. Arrastrando todavía el golpe del agua fría, y el deseo del encuentro, vi en el espejo como mis pezones se marcaban con escándalo bajo la tela del top negro que me había puesto mientras buscaba el conjunto más adecuado. Me acaricié por encima de la tela y el solo pensamiento de desear que fuera tu mano hizo que el encaje de mis braguitas se humedeciera; no hubiera dejado pasar el momento de no ser porque nos veríamos más tarde y quería llegar llena de deseo. En otra ocasión me hubiera obligado a buscar de inmediato un sujetador y elegir otra prenda menos reveladora, sin embargo, intuí que bajo una elegante chaqueta sería el conjunto perfecto para este reencuentro. Para completar el conjunto busqué una falda corta ajustada que marcaba mi figura, y aunque ahora casi ya no las utilizo de ese estilo las sigo conservando y siempre las elijo cuando me quiero sentir especialmente femenina y sensual, zapatos de tacón, el justo y necesario, y unas medias al muslo, que además de saber el efecto que te causaría me hacían sentir más libre. Me dejé puestas las mismas braguitas que llevaba, sentir la humedad que me había provocado pensarte me acercaba al momento del reencuentro y deseaba que al vernos un rastro de mi aroma llegara a envolverte. Proseguí con mi ritual y me vestí con calma, sintiendo el roce de mis dedos al ajustarme las medias y acariciando, como si fueran tus manos tanto tiempo extrañadas, la figura que la ropa iba dibujando al ajustarse a mi cuerpo. Me arreglé rápido el pelo, la ventaja del nuevo corte con el que te iba a sorprender, y dediqué especial cuidado a maquillarme los ojos, algo que siempre he hecho pero que requiere especial esmero ahora que, tapados con las mascarillas, es lo único que se nos ve de la cara.

Terminé de arreglarme antes de lo que había previsto, no conté con el rápido peinado, pero no podía aguantar esperar más en casa, necesitaba acortar el tiempo, y salí con calma rumbo al café en donde nos habíamos citado, el mismo café en el que nos citamos la última vez que nos vimos antes de que nos encerraran a todos. Apenas llegaba al café cuando me avistaste que llegarías tarde, "siempre el mismo" pensé para mí. Me senté y pedí un café, y decidida a no desesperar abrí el libro que había llevado para entretener la espera. Sin embargo, apenas si podía concentrarme en la lectura, pues era mayor mi ansía y necesidad de vernos, de tocarnos, que el interés del libro, y desde nuestra mesita en el rincón me interrumpía a cada rato y levantaba la cabeza cada vez que sentía una sombra cruzando el umbral de la puerta del café. Con la decepción de no encontrarte volvía a mi mente el estribillo de la canción de Cohen, "so long, Marianne", y cada vez que me repetía "so long....., so long...." dejaba a mi manos acariciar mi cuerpo, mis muslos, sentía mis pezones erizándose bajo la ropa mientras imaginaba que ya eran tus manos y me preguntaba porque no estaba esperándote en mi casa

Por fin apareciste, inconfundible en tu estilo te reconocí de inmediato a pesar de la mascarilla, buscándome sin éxito por todas partes en derredor. Me resistí a llamarte, aunque era imperioso tenerte ya a mi lado, necesitaba ver tu cara al reconocerme. Además, me resultó tan dulce verte con aquella cara de conejito confuso y perdido mientras me buscabas entre todas las embozadas, que no podía romper ese momento. Te seguí con la mirada, mientras te acercabas hacia donde estaba sentada y seguías buscando, escrutando el poco rostro expuesto de cada mujer que encontrabas, hasta que por fin nuestras miradas se cruzaron. Como si se tratara del espectro de colores del arco iris, en un momento vi pasar tu mirada por casi todos los estados posibles: resignación, confusión, sorpresa, alegría, incluso mirada de tonto; sin duda el cambio radical de mi pelo te había dejado completamente desorientado y sin referencias. Resultabas tan dulce y excitante, aunque no pude evitar reírme cuando recompuesto llegaste hasta la mesa a sentarte. No pudimos abrazarnos, como nos hubiera gustado, y aun así noté como el calor subía en mis mejillas y como mis pechos se apretaban contra la tela solo por la excitación de estar juntos de nuevo.

Sentía que no podía esperar más y no alcanza a comprender porque no nos habíamos citado en un lugar más íntimo, apenas si recuerdo que nos dijimos, en realidad sí lo recuerdo pero no tenía importancia, lo importante era estar juntos de nuevo, saber que mi cuerpo iba a ser tuyo otra vez, y nos íbamos a tener el uno al otro. Cuando te atreviste a pasar tu mano por mi pelo, un escalofrío recorrió mi cuerpo y retorcí mi cabeza en torno a tu mano para no dejarla escapar y forzarla llegar hasta mi mejilla, y tuve que apretar mis piernas porque noté como mis bragas se humedecían igual que me había pasado en casa. "So long..., so long..." volvía a sonar en mi cabeza pidiendo ponerle fin a esta espera y sentir tu cuerpo excitado sobre mí. Tomé mi taza de café y la vacié de un trago. "Vámonos ya", te dije. Ambos sabíamos que tu café lo tomaríamos juntos en mi casa cuando a la mañana siguiente despertáramos para desayunar.

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-- Desde tu Cuello --
Publicado en:3 Marzo 2021 1:48 am
Última actualización en:5 Marzo 2021 12:34 am
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-- Desde tu Cuello --

Te he visto. En silencio, de espaldas, concentrada en ti misma, recogías tu pelo en alto con las dos manos, y tu cuello al descubierto alargándose al infinito por tu nuca me llamaba. Me acerco y sujeto tus manos a la vez que mis labios se posan en ti, y muy despacio beso repetidamente tu cuello, me lleno del aroma de tu cuerpo entremezclado con los restos de tu perfume que persiste al final del día. Recorro tu cuello con mis labios, lo mordisqueo, incluso lo chupo hasta llegar a tus orejas. Al sentir el calor de mi boca en tu nuca, un pequeño escalofrío, como una corriente eléctrica, recorre tu espalda y eriza toda tu piel, y un pequeño gemido, más bien un suspiro, escapa entre tus labios.
Sin que mis labios se separen de tu cuello, te rodeo con mis brazos, y tus pechos quedan entre mis manos y se adueñan de ellos; los acaricio, los agarro, los aprieto, los sopeso, siento como se amoldan al hueco de la palma de mis manos, y al notar como se endurecen tus pezones los rodeo y los presiono entre mis dedos. Se agita tu cuerpo que pegas contra el mío, y sientes como se acomoda entre tus nalgas el bulto de mi pantalón. Bajo mis manos por tu vientre, lo acaricio hasta toparme con tus braguitas, deslizo mi mano bajo la tela y siento la caricia de tus vellos entrelazándose en mis dedos que siguen su ruta de exploradores hasta que toda mi mano cubre y abarca tu coño, y lo agarro hasta que mi dedo corazón se desliza entre los labios mojados, dentro de tu coñito, y lo llevo todo lo adentro que puedo, hasta escurrir un segundo dedo. Dejas escapar otro gemido que apago llevando a tus labios los dos dedos mojados de tus jugos, y mientras los saboreas retuerces tu cuerpo y aprietas más tu culo contra mí para sentir mi excitación.

Giras tu cara, y nuestras bocas se buscan, se besan, se comen, se devoran, y siento en mi lengua el sabor de la tuya todavía impregnada de tus jugos. Siguiendo a tus manos me libero del pantalón, y empujando tu culo contra mí y entreabriendo las piernas me invitas y me guías a la puerta de tu Edén. Cuando voy a hacer un ademán para moverme detienes mi impulso con un susurro: "shhhh, sólo sígueme", y eres tú la que se frota a lo largo de mi polla, la empapas con tus jugos mientras mis manos aprietan tus tetas, y juegan con tus pezones que rivalizan con el acero, y nuestras lenguas se retuercen y entrelazan. Notas los labios de tu coñito cada vez más hinchados y cómo se entreabren cada vez más al frotarte contra mi polla, hasta que con un movimiento de tu cadera te ensartas la cabeza y empujando contra mí la sientes deslizarse hasta que desaparece toda dentro de ti. Empujando las manos contra la ventana, marcas el ritmo a tus caderas para que en un continuo vaivén tu coño se vacíe para a continuación sentir como sus paredes se dilatan, se abrazan y se rozan con mi polla hasta sentirte llena de nuevo. Hasta que una ola de calor y frío recorre tu cuerpo, te sientes chorrear y palpitar sin control, y todo tu cuerpo se estremece hasta casi quedar sin fuerzas en las piernas. Apenas alcanzo a sostenerte por la cintura para dejarnos caer sobre la cama...
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-- Sobre tu cuerpo --
Publicado en:3 Febrero 2021 11:55 pm
Última actualización en:28 Febrero 2021 5:02 am
4017 vistas

-- Sobre tu cuerpo --

Cuando todavía muy de mañana abrí los ojos, tus ojos todavía estaban cerrados y una expresión relajada, de tranquilidad absoluta, cubría tu rostro. Tu cuerpo desnudo, tendido junto al mío, parecía seguir en la misma postura en que había caído derrotado de cansancio la noche anterior, de medio lado, un brazo bajo tu cabeza y el otro abrazando tus pechos como si acunaras a un bebe, una pierna estirada casi queriendo escapar de la cama, y la otra flexionada marcando la línea de tu cadera.

Algún rayo de luz se colaba ya por la ventana y se dibujaban caprichosos senderos sobre tu cuerpo, pintando luces y sombras con delicadeza y sublime intensidad que mi mirada recorría con deseo, y mis manos atraídas sin remedio por ese dulce resplandor y los contrastes se estiraban y se extendían hasta alcanzar tu cuerpo. Muy delicadas, casi levitando sobre tu piel, dibujaban tu rostro, delineaban tus cejas y los parpados plácidamente cerrados, el dorso de la mano se deslizaba sobre tus pómulos arrastrando los dedos tras de sí, rozando tu nariz, tus labios, antes de dejarse tentar por la exploración de los sinuosos caminos que la luz pintaba sobre tu cuerpo. Bajando desde tu hombro, amoldada al costado de tu cuerpo, se deslizaba acariciando la espalda con las yemas de los dedos hasta llegar a tu cintura, y virando tus caderas recorrer tus piernas, asir el muslo con la mano abierta hasta casi cerrarse sobre el tobillo. Y desde ahí desandar el camino, abusando de su condición de exploradoras recorrían y abrazaban la pierna con las dos manos, torneando el muslo entre mis dedos hasta llegar a las caderas, donde me atrapaba la voluptuosidad de tus nalgas que intentaba abarcar con las dos manos hasta que me reclamaba la otra pierna huérfana de caricias hasta volver a quedar atrapado por la mágica redondez de tus nalgas.

Tu cuerpo no quería escapar de la duermevela pero inconscientemente se sentía deseado y se dejaba querer, se acomodaba y me entregaba toda su desnudez. Y abrazando tu cuerpo, mis manos recorrieron tu vientre en infinitos círculos hasta sentir que las yemas de mis dedos dibujaban la curva sinuosa de tus pechos, y entonces buscaba el cambio de textura, que se vuelve más abrupta cuando el pezón caprichoso se siente dibujado por la mano ajena que tanto te desea. Sentía como tus pechos llenaban mis manos, los acariciaba y amasaba dulcemente, y sentía los pezones enardecidos por la excitación que ya recorría tu cuerpo y llamaba a tu mente. No abrías los ojos, apenas dejabas que sintiera tu respiración ligeramente más profunda, pero apretaste tu espalda contra mi pecho cuando mi mano descendía por tu vientre hasta sentir el cosquilleo de tu vello, y por un instante se tensaron tus músculos cuando mi mano cubrió todo tu pubis y se impregnó del rocío que destila tu preciosa flor. Un suspiró que escapo de tus labios fue la señal para estrechar tu cuerpo contra el mío con más intensidad, y que mis manos perdieran el temor a despertar tu sueño y solo soñaran con despertar todos tus deseos y hacer brotar tu placer.

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-- Musa Bonita --
Publicado en:26 Enero 2021 6:33 am
Última actualización en:15 Marzo 2021 3:47 am
4848 vistas

-- Musa Bonita --

Solo con leerte está uno obligado a acogerte por derecho propio en el Olimpo de las musas.
Todas esas palabras cargadas de sensaciones, sentimientos, deseo, son una perenne inspiración para cualquiera que te lea, y yo no soy menos.

Tus palabras no son la barrera ni la muralla que te protege, ni tampoco una trinchera en la que acurrucarse y esconderse, sino un faro con el que tu luz nos ilumina a los que estamos en derredor. Son una declaración; una declaración de la mujer que eres, una declaración de la mujer que siente, una declaración de la mujer que desea, una declaración de la mujer que extraña. Una mujer en cuerpo y alma, que se quiere y disfruta pero a la que también le duele la ausencia y el vacío cuando se hace presente. Una mujer femenina, apasionada, que disfruta de cada momento y cada detalle, rebosante de erotismo y que es una seductora de mentes, almas y sí también cuerpos. Y un alma cargada de poesía y sensualidad. Y la intriga y el misterio de tu cuerpo, de una mirada oculta, que solo con la sinuosa línea de tus caderas cautiva a quien te ve. Pero acaso no hay nada más erótico que una musa misteriosa.

Palabras que son una declaración de intenciones para el destinatario de tus palabras que uno sueña ser, ese caballero galante que tiene ganado tu corazón, tu mente, tu alma y hasta tu cuerpo lleno de deseo, ese caballero andante que se entregara en una y mil aventuras por ganar tu atención.

Musa Bonita y misteriosa, musa erudita, déjame ser tu caballero.

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