El blog de Dec1d1d0s
 
(Todas las historias y las fotografías de nuestro blog son reales y son propias, los nombres se pueden haber cambiado para protección de la intimidad de los participantes. Queda prohibida su reproducción sin nuestro previo consentimiento)
Vista con Título | Refiere un Amigo |
¡Bienvenidos a nuestro Blog!
Publicado en:6 Deciembre 2019 4:49 pm
Última actualización en:18 Deciembre 2020 3:17 pm
15007 vistas
¡Hola! Queremos darles la bienvenida a nuestro blog, donde publicaremos historias de nuestras experiencias sexuales.

Somos Ariana y Alfredo, nos casamos hace casi cuarenta años... pero con otras parejas... divorciados desde hace 20 años, nos encontramos y nos casamos nuevamente -ahora si entre nosotros- hace como cinco años.

Así que guardamos un puño de vivencias de nuestra juventud, del primer matrimonio, de nuestra época de segunda soltería y desde nuestra reciente luna de miel... creemos que todas ellas dignas de contarse...

Agradeceremos que comenten nuestras historias, y las premien con sus "me gusta". Igual si tienen preguntas o desean les platiquemos algo en especial, no duden en solicitarlo.

Gracias de antemano por leernos. Disfruten nuestras narraciones.

We have also translated some of our stories into English ... you can find them in the erotic stories of the community.

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Para Convencer a mi mujer
Publicado en:7 Marzo 2021 2:48 pm
Última actualización en:20 Marzo 2021 3:54 pm
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Con mi primer esposa había tenido buenas aventuras. No es que mi actual esposa no me hiciera suficientemente feliz, pero quería que ella también probara y compartiera conmigo emociones más fuertes,
No es tan como decir: "¡Hagamos un trío"! primero leímos algunas historias calientes y luego le pedí que me escribiera un par, siendo ella la protagonista, pensé que así se iría haciendo a la idea...
Estas las historias que ella me escribió aquella vez:


I

Salgo muy temprano de casa, tengo que llevar los papeles para el trámite de crédito que inicio mi marido, llego solo para darme cuenta de un aviso que dice: hoy no abrirán las oficinas por ser el día del burócrata. Oigo que me hablan por mi nombre y veo a Ramiro, el que fue mi primer amor de caminar hacia mi, me invita a tomar algo y entre platica nos ponemos al corriente de los que hemos hecho durante los últimos años, comenzamos a caminar abrazados y en el cafecito al que llegamos seguimos tomados de las manos, la platica sigue y me invita a ir a algún lugar para estar más cómodos, no sé ni cuando acepto pero en el taxi siento que la ropa me aprieta, le acaricio su entrepierna y veo que a su pantalón le pasa lo mismo, es muy grande el tamaño que siento de su pene. Llegamos a un motel y ya en el cuarto me desviste entre besos y caricias en todo mi cuerpo, le quito poco a poco la camisa mientras el desliza mi vestido hasta el piso, me besa los pechos, los acaricia y comienza a succionarlos, luego se agacha, me abre las piernas, busca meter sus dedos, me encuentra mojada, escurro de las ganas, llegamos a la orilla de la cama, nos aventamos, queda bajo de mi y le desabrocho el pantalón, con los dientes le bajo el cierre y saco su endurecido pene, me dedico a besarlo, acariciarlos y a darle las mejores chupadas que he dado, es tan grande y suavecito que quiero que se pierda dentro de mi boca mientras mis manos le acarician los testículos y la suave piel de su entrepierna

Siento como cada segundo se endurece mas y mas, oigo a Ramiro gemir y siento como pone su cuerpo tenso, es la invitación que espero para montarme en él, bajo poco a poco, entra en mi despacio muy despacio, gime, casi grito, no aguanto más y comienzo a moverme para sentir como entra y al tiempo que chupo sus tetillas, lo acaricio y entre besos y chupadas me froto mas rápido hasta que siento un orgasmo que me hace temblar y escurrir aún mas. Ramiro me baja para ponerme a su lado, sus manos y boca me recorre, lame y chupa, recorre hasta que encuentra primero con un dedo mi clítoris luego con su lengua, me sigue chupando y lamiendo mientras con una de sus manos me acaricia el pecho la otra introduce un dedo en mi vagina, mueve dedo y lengua sincronizados, no aguanto, pido, ruego penétrame con tu pene, se endereza pone mis piernas en sus hombros y me embiste de un solo golpe que me llega al fondo, se queda quieto un segundo para luego iniciar un entrar y salir de mi cada vez más rápido, jalo y pellizco sus tetillas, lo siento crecer un poco mas dentro de mi, me parece imposible que esté mas duro y grande para llenarme de semen un segundo antes de que yo tenga otro orgasmo, se aferra a mi y nos quedamos abrazados por algunos minutos. Parece que no hubiéramos dejado de vernos siete años, nos despedimos y Ramiro queda en llamarme. Me siento tan excitada todavía al llegar a mi casa que tarde se me hace el tiempo que falta para que llegue Alfredo, mi esposo. Cuando llega ya tengo a los dormidos y sin darle tiempo a nada lo llevo a la recamara para que me haga el amor como siempre, tranquilo, lento, como si temiera lastimarme, pero ahora eso quiero algo lento que me tranquilice para poder dormir.
II
Ya no tarda en llegar Alfredo con la sorpresa que me prometió, ya lleve a los a dormir con mi mamá, me bañé y me puse mi mejor baby doll, el cuarto está a media luz, con una veladora perfumada, me dijo que sería una noche como nunca hemos tenido, me siento tan excitada, hace tanto que no tenemos sexo, pensé que yo ya no lo atraía. Lo oigo entrar, lo estoy esperando en la cama recostada y con cuatro tequilas en el estomago y más para él en el buró, me dice que va a vendarme los ojos y a sujetarme a la cabecera con unas pañoletas que trae, poco es decir que estoy sorprendida. Estoy quieta tengo mas nervios de lo que creí, se acerca casi sin hacer ruido, me da risa y dice que actúe en este juego con él, que me quede callada y no pregunte nada y solo disfrute.

Me recorren el cuerpo sus manos con toques leves, casi tímidos, me quita el camisón siento su mirada, a pesar de tener los ojos vendados noto algo diferente, prende el estéreo en una estación de música instrumental, y esto hace que ya no distinga su respiración que era lo único que oía, sus dedos suaves me acaricia toda, me busca entre las piernas esa humedad que ya tengo mete un dedo, luego lo siento con su boca succionando mi clítoris, cielos, nunca lo había sentido tan excitado, y yo quiero que deje de mamarme y me penetre, o mejor que no pare y yo tenga un sú orgasmo, pensé que al estar amarrada y vendada me iba a dar miedo, pero ya no sé que es más fuerte; los nervios o la excitación, le suplico me desate para abrazarlo, pero no me responde, me deja para hincarse en mis hombros y lo chupe, es tan grande, él debe de estar como yo más excitado que nunca pues no recuerdo que lo tenga tan grande, quiero acariciarlo pero no me desata, entra y de mi boca frenéticamente se pone de lado y así continuo para que con su mano me siga acariciando, me dice que estoy muy mojada, como si no se hubiera dado cuenta de eso desde antes, le pido me penetre que ya no aguanto y cumple mis deseos se acomoda entre mis piernas las levanta y muy lento mete su gran pene en mí, siento que no aguanto, que nunca lo había tenido tan grande, me llega hasta el fondo y comienza a moverse hasta que entre gemidos míos y de él llego a otro orgasmo y entonces él lo saca y siento que se acomoda hincado a mi lado y su chorro cae en mi estomago y entre mis pechos, comienza a lamerme el cuerpo, no sé si sueño o qué, nunca habíamos hecho algo así, me esta chupando un seno y con su mano estruja el otro, estoy loca quiero más, más, lo repito como letanía hasta que siento que otro cuerpo se me acerca para acomodarse entre mis piernas, comienzo a abrir la boca para gritar y Alfredo me quita la venda de los ojos, a mi lado está un hombre que no había visto nunca, ahora es Alfredo el que se esta masturbando mientras su compañero mete su pene en mi boca para que lo vuelva a levantar quiero que me penetren el que sea pero que lo hagan ya, como si mi marido leyera mi mente levanta mis piernas a sus hombros y de una sola metida se viene dentro de mi mientras su compañero termina de masturbarse viéndonos, luego me desata.

Estoy tan cansada y adolorida que me quedo dormida. Es de mañana y el cuarto está en silencio, Alfredo duerme a mi lado y no se si todo lo soñé anoche.
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Nuestro primer trío ya como esposos, con un amigo que conocí en Amigos Ardientes
Publicado en:6 Deciembre 2019 5:24 pm
Última actualización en:10 Marzo 2021 1:59 pm
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Alfredo paso por mí, es viernes y es el viernes que conoceré al tercero en nuestra cama, quedó de pasar por él a una esquina del centro de la ciudad y justo antes de cruzar la calle, cuando el semáforo nos marcó el alto, vi a un hombre que se parecía al de una foto que me había mostrado Alfredo hacía días, cuando eso del trío era solo plática. Iba caminando hacia la esquina prendiendo un cigarro, mi esposo con sonrisa de oreja a oreja y yo con nervios que me hacían nudo el estómago, pero ya estábamos ahí.

Se subió al carro, se presentó conmigo, saludó a mi marido y palabras más o menos a dónde iríamos a tomar algo, se decide por un bar y entre palabras de unos y otros como del clima y cosas así de fáciles, llegamos al bar.

Sigue plática de nada, y como el bar no era lo que esperábamos Alfredo dice que si nos vamos a otro lugar más privado. Yo ya había hablado con él que si no me latía, aunque estuviéramos en un motel solo platicaríamos y bajo esa expectativa salimos después de tomar una copa hacia “el lugar más privado”.

Ya en el motel “Los Altos”, pedimos una habitación con jacuzzi y nos dieron la 38, pasamos y pues pido mi segunda bebida. Alfredo y José, que así se llama, caminaron, revisaron, vieron, a diferencia de mí, que me senté en un sillón y planeaba no levantarme, apurando mi bebida. Seguí la plática, de nada y de preguntas como que si era nuestro primer trío o su primer trío y pues que sí, primerizos todos; me reí por la idea que era como luna de miel que los dos son vírgenes y que entonces no saben qué hacer, jejeje.

Pero mis acompañantes si tenían una idea de qué hacerme, me levanté al baño, ellos seguían danzando y hablando por el cuarto: uno con el jacuzzi que no servía y el otro buscando y encontrando cigarrillos y encendedor, luego abriendo la puerta al servicio para que arreglaran el jacuzzi, mientras yo regreso del baño y me quito los zapatos y las pantimedias sentada en el sillón, José creo que me está viendo sentado en la orillita del sillón donde estoy, Alfredo se acomoda unos momentos a mi derecha después de servirme mi tercer whisky.
En eso estábamos cuando vuelve el servicio al cuarto, me levanto porque estábamos en la pasadera y me siento en la cama, José seguía prendiendo cigarros, encontrando lugar para su corbata y saco que ya se había quitado y yo viendo como desde palco, la muchacha del servicio como sin vernos, José no sé y Alfredo observando lo del jacuzzi, se va la muchacha, amenaza regresar pero entonces se sienta José a mi derecha y Alfredo un poco atrás de mí y le pregunta si le había gustado la foto del tatuaje de mi espalda que hacía días le había mandado. José contesta educadamente que sí y acto seguido me quito el vestido para que Alfredo pueda presumir mi tatuaje y ofrecérselo a José que le da algunos tiernos besos y pasando su brazo sobre mi hombro toma mi pecho y le da un ligero toque como probando. Alfredo me besa para medir mi reacción, me sacan el fondo negro que llevaba y me acuesto, se terminan de desvestir o eso creo, pues queda José hincado a mi derecha enseñándome su larga verga lista para que se la chupe, Alfredo a mi izquierda me está manoseando los pechos y bajando la mano, busca saber si ya estoy mojada. (Creo que estoy escurriendo).

Después de darle unas buenas mamadas a José en esa posición y verificar que si me gustó el olor y la consistencia de esa verga, la chupo y oigo que a José le gusta también lo que le hago: oigo murmullos de así, más, más, así que rico y eso me excita más, me comienzan a chupar los pechos cada uno de su lado, y siento la mano de Alfredo metiéndome los dedos a la vagina y luego otra mano buscándome también entre las piernas, y la boca de José exigiendo besos. En ese momento vuelven a tocar a la puerta y siento que Alfredo se levanta a ver y observo que en la puerta ya no deja pasar a quien haya tocado, pero lo que quiero es que regrese a la cama que no me deje sola.
Cuando ya viene de regreso a la cama creo que ahí le digo a José que se acueste para chuparlo más a gusto, el acostado boca arriba, me hinco mostrando mi trasero a Alfredo y lo invito a que se me acerque, comienzo a chupar a José mientras Alfredo me da unas buenas metidas… se siente riquísimo tener una verga entrando y saliendo y otra para chupar, a José parece que le encanta, me pide le muerda la base de su verga, le chupetee los testículos le vuelva a morder la base y regrese a chuparlo y morderle la punta, luego me acuesta.
Alfredo que está un poco a mi cabeza, le pasa el condón y me acomoda con las piernas en alto, en los hombros de José y de primera fila ve, casi siente, como José me la mete hasta el fondo, y una y otra vez me la mete mientras busco desesperada la verga de Alfredo para chuparla y gozarla mientras tengo otro orgasmo.
José comienza a temblar y entre frases de que rico, mamacita, mas, más… comienza a eyacular y me besa con esa lengua que invade todo. No veo a Alfredo hasta que José se baja de mí y siento a Alfredo hincado junto a mi cara para que se la chupe y se levante para metérmela ahora él, José también se arrima a mí, me besa y es la señal para que Alfredo me la meta y mientras me la mete, chupo y limpio la verga de José, aunque sin la erección de un rato antes, todavía parada, me la mete y saca de la boca.
Cuando Alfredo se viene, me besa con pasión y se baja de mí. José comienza a buscar su ropa y sus cosas para irse, pide taxi y entre frases de agradecimiento y de que agradable velada, que ojala pudiera quedarse con nosotros, que ojala haya otras ocasiones, se despide y se va.
Alfredo se levanta cierra la puerta regresa a mi lado y comienza lentamente a oler, lamerme, chupa un poco todas las partes de José me agarro, busca su olor en lo profundo de mi boca, entre mis piernas, me chupa y lame limpiándome de ese otro olor, de esa otra verga, de esas otras manos que me habían recorrido. Ahora él con toda calma me la mete, me saborea, me toma, me mete sus dedos y me chupa hasta venirme de nuevo, luego con fuerza, una y otra vez me embiste hasta vaciarse.
Nos metemos a descansar al jacuzzi, me siento ebria, quizá no de Whiskies si no de tanta leche que me dieron, ya relajados nos dormimos, pero unas horas después al despertar todavía tenía Alfredo para darme más, pareciera que en lugar de cansarse por las montadas que me dio, haber tenido otra verga dentro de mí, esa otra compañía en nuestra cama, le daba energía para darme más y más y yo encantada que me dé por todos los lados y a todas horas que quiera darme.
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Visitando Sayula
Publicado en:3 Agosto 2020 2:38 pm
Última actualización en:24 Deciembre 2020 9:00 am
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Pasamos unos días muy descansados en el hotel Barceló Karmina Palace de Manzanillo. De lunes a viernes estuvo muy solo el hotel y con los servicios apenas indispensables para la época en la que estamos viviendo. Esperaba que se pudiera dar algo con alguno de los otros huéspedes, pero la verdad eran muy pocos y raros (lo mismo pensarían de nosotros) Así que el viernes que empezó a llegar más gente, nos regresamos para evitar aglomeraciones.
Nos pesaba regresar tan pronto a Guadalajara, así que, cuando nos hicieron el encargo de unos cuchillos de Sayula, no dudamos en hacer escala en el camino, y así también comprar algo de cajeta y comer una deliciosa birria, tanteando de quedarnos una noche si había un lugar propicio y seguro.
Por coincidencias de la vida, justo en la birriería Solorzano nos topamos con Nicolás, un excompañero de la escuela preparatoria. En mis tiempos mozos, yo guardaba un poco de distancia de él porque consideraba que era homosexual (ahora ya no pongo categorías). Resulta que regresó a montar su negocio en Sayula, se casó y tuvo tres hijos. Para estas fechas, sus hijos ya no vivían con él y su esposa, según él, se había ido a quedar un tiempo con su hermana a una ciudad de los EEUU.
El caso es que nos dejó en claro que vivía solo en su gran casa y que estaría muy contento de que nos quedáramos esa noche como sus huéspedes, para seguir platicando de nuestras anécdotas estudiantiles y de nuestras actividades ya como adultos. Aceptamos y nos trasladamos a su domicilio.
Nos acomodamos en el fresco jardín de su casa en unos muebles de herrería. El lugar era cómodo y fresco, pero el respaldo de metal caló en la espalda de mi esposa, por lo que terminó recargada en mi pecho. Yo la rodeé desde atrás con mi mano izquierda, mientras con la mano derecha sostenía la sabrosa bebida que nos había brindado nuestro anfitrión.
Estábamos tan a gusto y relajados con la plática que, sin darme cuenta, empecé a acariciar los pechos de mi esposa por encima de su blusa. Acaricié su cuello y sus hombros y de pronto metí la mano para llegar hasta sus pezones, dejando uno un poco al descubierto cuando cambié mi mano para acariciar el otro. Lo más curioso es que ella no protestaba y aparentemente lo estaba disfrutando, tanto como nuestro amigo, que para estas alturas ya traía una cara de diablillo perverso.
La chispa encendió cuando me tuve que levantar al baño y mi esposa protestó porque no se quería recargar en el duro fierro del sillón. Mi amigo se ofreció a traer un cojín, pero ella le dijo que no, que mejor él se sentara en mi lugar mientras yo regresaba. Cuando llegué al baño, ya iba con el pene bien erecto por la situación que se dio en ese momento. Me di cuenta de que tenía una bañera bastante amplia e imaginé lo que podríamos hacer en ella.
Cuando venía de regreso, Nicolás ya tenía los pechos de Ariana por fuera de la blusa y los estaba acariciando tal y como yo lo hice antes, sin duda que ocupo mi lugar, yo creo que ahora ella estaba sintiendo otro duro fierro a sus espaldas. Me vieron a la distancia, pero yo les dije que siguieran, que ya iba en seguida. Fui a buscar una botella de lambrusco que traíamos en una hielera, para seguir brindando por tan agradable encuentro.
Cuando volví al jardín, Nicolás y mi esposa se estaban besando y acariciando descaradamente. No los interrumpí, solo pregunté si podría poner a llenar la bañera y escuche que me alcanzaban a decir que si entre gemidos. Regresé al baño y un par de minutos después, llegaron ellos, pues Ariana quería usar el sanitario. Los caballeros nos salimos del baño y después de un rato prudente, preguntamos si ya podíamos pasar, a lo que mi mujer respondió que sí, y la encontramos ya desnuda adentro de la bañera, apenas cubierta por un poco de espuma que tapaba tibiamente su cuerpo desnudo. Nos miró con cara de deseo y nos preguntó: ¿quién me talla la espalda?
Pronto nos acomodamos los tres y le tallamos todos los rincones. En un momento dado, mi amigo se paró frente a ella para darle a chupar su pene y al ver su tamaño, decidí ayudarle un poco. Después, Ella se tendió delante de mí y él, delante de ella, finalmente la empezó a penetrar: tomó sus piernas y las levanto tan alto como pudo, mientras entraba y ella gemía de sabrosa manera. Las olas y el chapoteo hacían parecer que era un jacuzzi en lugar de una bañera. Ya que nos batimos lo suficiente, salimos para continuar la ronda en la cama.
Primero nos turnamos encima de ella. Después ella se montó sobre Nicolás y yo le metí mi verga a la boca, tratando de no perderme la forma en la que cabalgaba y como mi amigo le apretaba los senos. Con mi pene a punto de reventar, me permitió penetrarla un poco por el ano mientras seguía arriba de Nico, con el pene clavado hasta el fondo de su vagina.
El sentimiento fue tan intenso, que a los primeros empujones me derramé en el interior de aquel chiquito tan delicioso. Casi de inmediato ella, y luego le tocó el turno a él. Al bajarme me di cuenta como escurría mi semen de su ano, y cuando ella se bajó, vi salir esa leche ajena mezclada con sus jugos del interior de su vagina, néctar que no dude en lamer y beber hasta dejarla limpiecita y lista para la siguiente, pero ya era tarde y caímos rendidos de sueño.
A media mañana, sentí como una boca se dedicaba a chupar mi falo y mis testículos y me ponía bien duro. Levanté un poco la cabeza y miré que era Nicolás, que antes había lamido la puchita de mi dama y ya le tenía tres dedos clavados adentro. Ya que se aseguró de tenernos listos, penetró a mi mujer y me pidió que por favor yo lo penetrara a él. No me pude negar, pues mi deseo estaba al máximo. Mi mujer gemía a cada empujón que yo daba de mi pene en el apretado ano de mi amigo, y volvimos a terminar los tres casi al mismo tiempo. Nos volvimos a quedar dormidos mientras nos besábamos y nos acariciábamos entre los tres.
Por la mañana y después de un sabroso desayuno que nos ofreció nuestro anfitrión, salí a comprar los famosos cuchillos. A mi regreso los encontré haciendo un sabroso 69. Me desnudé rápido y me incorporé tomando el lugar de él, para que ahora, él de pie, l a penetrara de a perrito. Volvió a terminar abundantemente dentro de ella, pero una parte me chorreo y dejó pegajosa mi barba. Aún así no me quité y seguí lamiendo el clítoris de mi esposa hasta que sentí que le temblaban las piernas y me soltaba un chisguete de sus calientes jugos, estaba tan extasiada que no puso peros en tomarse toda mi leche que salió de mi pene a borbotones. Volvimos los tres a la bañera, pero ahora si para limpiarnos bien, pues estábamos embarrados de sexo por todo el cuerpo.
Mi esposa hace planes para regresar pronto a Sayula. A mi también se me antoja mucho, pero dudo porque mi amigo me preguntó si a la siguiente me dejaría penetrar, pero… no tener yo más alhaja…
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Cambio de look
Publicado en:4 Julio 2020 4:34 pm
Última actualización en:7 Enero 2021 10:41 am
9817 vistas
Esta es una fantasía… espero pronto pueda ser real.
Arianna ha estado de mejor humor últimamente, o al menos, parece que intenta dejar atrás los malos días y cambiar la rutina de la cuarentena por algo más divertido. Aceptó que le hiciera cita en la estética para cambio de imagen: corte de pelo y maquillaje, como para ir de fiesta. Puso cara de que era un gasto excesivo, pero ya había dicho que hoy me complacería.
John es un estilista muy especial. Además de hacer muy buenos cortes y con el pretexto de ser gay, les da a sus clientas unas muy buenas agasajadas y de algún modo, las deja excitadas y sintiéndose modelos de pasarela. Sin duda hoy se lució con mi mujer. Se mira realmente espectacular.
Le pedí que fuéramos a tomar una copa y no puso peros. Le dije lo hermosa que se miraba y que, a pesar de su edad, seguía siendo muy atractiva. Esta vez solo sonreía y se miraba en los espejos de aquel lugar en donde estábamos. Mi plan marchaba sobre ruedas.
Estaba un joven a dos mesas de la nuestra, que no le quitaba la vista de encima. Se lo hice notar, pero me dijo que solo eran ideas mías. -“Vamos a invitarlo a nuestra mesa, para hacer algo diferente”- le dije. Supongo que Arianna anda un poco coqueta, porque me dijo que sí.
Por supuesto, con anterioridad ya había hablado con alguien que que había conocido en la página de Amigos Ardientes, y le había contado mi plan. Lo verifiqué y lo interrogué para saber si no era de los que iba a salir corriendo al darse cuenta de nuestra edad. Aparentemente todo bien y que nos esperaba justo en el lugar y a la hora convenida.
“Amigo” -me dirigí a él- “¿Querrías compartir una copa con nosotros? Estamos aburridos del encierro y queremos platicar con alguien”.
Por supuesto aceptó. trajo su trago a nuestra mesa de sillón corrido y tomó su logar al otro lado de mi mujer. Fui muy directo: “Hace rato no salíamos y hoy se hizo un cambio de look… ¿qué te parece cómo se ve mi mujer”. Nuestro nuevo amigo se deshizo en halagos. Hicimos platica de muchas cosas y de nada a la vez. Cuando ya íbamos por la tercera copa, nos lanzó la pregunta directa: “¿Son Ustedes una pareja swinger? Siempre he querido participar en un trío y más me gustaría si es con una mujer madura y tan hermosa… ¿Lo harían conmigo?”
Por supuesto que Ariana se quedó perpleja. No le quise dar mucho tiempo de pensarlo, me arrimé a ella para acariciar sus piernas al tiempo que respondí: “No sé, yo por mi estoy de acuerdo, pero mi esposa es la que debe decidir… ¿qué tal si te arrimas y se lo pides bajito al oído?”. Por supuesto, antes de que ella pudiera decir algo, el ya estaba susurrando y besando su cuello con un tono de “por favor, si” al que ella solo atinó a responder con un beso apasionado. En pocos minutos ya la teníamos acorralada entre los dos en aquel rincón oscuro del bar, besando a uno y otro mientras nuestras manos recorrían palmo a palmo su anatomía. No se en qué momento, ella había sacado de su prisión al pene de nuestro amigo, y mirando de reojo para que nadie la viera, se agacho a chuparlo con fruición. Yo me incliné un poco para cubrir la acción, por si alguien volteaba a vernos, pero al mismo tiempo los urgí a retirarnos a un lugar más cómodo.
Mi intención era que nos trasladáramos a un motel a pocas calles de allí, pero ya fuera del bar, el amigo nos preguntó que si queríamos conocer su combi. Mi mujer dijo que si y a pocos pasos la encontramos. La parte trasera estaba alfombrada, sin asientos y las ventanas oscuras, así que subí yo primero, después se deslizó Arianna y por último él. Le ayudé a desvestir a mi esposa. Siempre es un doble placer preparar a mi mujer para otro. Pronto quedó desnuda tendida en el piso de la combi mientras la acariciábamos y la besábamos. El introdujo sus dedos para comprobar que se estaba derramando de ganas y de un brinco se metió entre sus piernas. Yo me hinqué a un lado de la cara de mi mujer con mi pene erecto, en espera de meterlo en su siempre sabrosa boquita, pero él se la estaba comiendo a besos y no parecía querer soltarla.
Ella pidió subir las piernas en los hombros de él y yo aproveché para clavarle mi verga hasta la garganta, apagando los gemidos que provocaba la profunda penetración que estaba recibiendo. En pocos minutos ya estaba viniéndose, y sus jugos calientes provocaron la abundante eyaculación de nuestro amigo que, al terminar, se tendió a un lado.
Yo rápidamente me arrime a lamer un poco su clítoris mientras ella todavía seguía gimiendo entre espasmos. En un momento dado me pidió que la penetrara, pero antes de subirme en ella metí un poco mi lengua dentro de su vagina para saborear esa mezcla de jugos, y después la besé para que también gozara de ese sabor, al tiempo que le dejaba ir toda mi estocada. Nuestro amigo reaccionó y puso su pene en medio de nuestras dos bocas. Así lo terminamos de limpiar mientras yo dejaba escurrir también mi semen en la copa de mi amada.
Fue todo. Nos despedimos y quedamos de volver a vernos pronto. Nos vestimos y regresamos a casa, en donde ahora escribo esta historia para compartir en la página de Amigos Ardientes.
Que curioso, acabo de leer un mensaje de nuestro amigo Cristopher de Amigos Ardientes diciendo que no podría vernos el día de hoy… Me parece que alguien ajeno al plan salió ganando el día de hoy.
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Con el chofer del uber
Publicado en:9 Deciembre 2020 1:19 pm
Última actualización en:7 Marzo 2021 2:51 pm
7248 vistas
Esta historía es todavía una fantasía. Espero que Gustavo la esté leyendo y nos busque para hacerla realidad... o a lo mejor se ofrece de voluntario algún otro chofer de uber...



Mi esposa y yo compartimos el auto. A veces los dos lo necesitamos y tengo que tomar un uber.

Hace días tuve la feliz coincidencia de que el chofer de mi uber fue Gustavo, un antiguo vecino de mi esposa que bromeaba con ella haciéndole proposiciones indecorosas. A ella eso le gustaba, pero le parecía muy chico. A veces, Él la ayudaba en otoño a barrer las hojas en la azotea de la casa y le pedía algo a cambio, pero no pudo conseguir más de un par de abrazos cachondones.

Eso era antes de casarnos. Él se mudó más o menos por el tiempo en el que nos matrimoniamos y teníamos ya varios años sin saber de Él, hasta ese día. Durante el viaje, yo no perdí oportunidad de bromear un poco, con la intención de saber si Él todavía deseaba tener algo con mi mujer. Le dije que ella me platicaba que le parecía muy atractivo y buen mozo, y que a veces bromeábamos con buscarlo para que nos ayudara a barrer la azotea y que le diera el pago merecido. A Él le subían y le bajaban los colores del rostro, pero yo quería dejar muy claro que no me incomodaba la idea. Al final, le pedí su teléfono por si a ella se le ofrecía alguna vez un viaje de uber, se pudieran volver a saludar, a lo que accedió con gusto.

Ese día llegó. Mi esposa tenía que hacerse unos análisis en el IMSS y yo le dije que la podía llevar, pero que me tenía que retirar a mi trabajo, y que a su salida le mandaría un uber para que regresara a la casa. Hablé con Gus, explicando la situación y me dijo que pasaría por ella con gusto. Quedamos en que yo le avisaría a qué hora y en dónde para así darle una sorpresa.

Llegado el día, la dejé en la clínica 46 y regresé a casa antes de irme a la oficina, para acomodar un par de cámaras ocultas y disfrutar posteriormente si algo sucedía. Me habló mi esposa justo cuando yo iba saliendo de casa y yo le marqué a Gustavo para darle las señas de cómo iba vestida y en dónde lo esperaba. A ella le mandé la foto del auto con el número de placas, que no tardó en llegar, pues Él ya estaba esperando mi llamada por el rumbo convenido.

Me contó mi mujer que fue una muy grata sorpresa encontrarlo. Que Él le dijo que había sido una coincidencia porque ya iba a tomar un descanso del turno para ir a desayunar, así que ella le ofreció invitarlo a casa para desayunar juntos. También me dijo que, durante el desayuno, muy amablemente le ofreció a subir a nuestra azotea para barrer las hojas si era pertinente. Ella solo respondió “ahorita vemos”.

Pasaron a la sala a terminar su café y seguir platicando de los viejos tiempos. En un momento dado el preguntó “¿ya me subo?” a lo que ella respondió “¿Todavía te me quieres subir?” El solamente respondió que si y la empezó a besar.

Ahora a ella ya no le parecía tan chico... empezaron tremendo faje y ella le apretaba el miembro por encima del pantalón. Él abrió su blusa y sacó sus senos del brasier para besarlos. En eso, ella se detuvo y le dijo: “Espera, me olvidé de avisarle a mi marido que ya estoy en casa”. Ella alcanzó el celular sin que el la soltara y la seguía manoseando y besando lo que tenía a su alcance.

¿Alfredo? -dijo entre resuellos- Ya estoy en casa, se me pasó avisarte porque ¿qué crees? El chofer del uber que mandaste era Gustavo y lo invité a desayunar y estamos aquí en la sobremesa.

¿En serio? -respondí yo, como asombrado- ¿Y ya lo pusiste a barrer la azotea? Ahora si le vas a poder pagar con cuerpomatico, porque ya no debe estar tan chiquillo...

Bueno, si... éste... se ofreció... pero... creo que el pago es por adelantado... -me dijo.

¿O sea qué? ¿Ya lo hicieron o apenas están en eso? -pregunté.

Pues... apenas... pero te quise avisar antes, para que no te molestes... ¿Si me dejas?... -respondió entre jadeos.

En eso se oyó que Gustavo dijo: “Si es tu marido me lo saludas mucho, que yo aquí te atiendo mientras, que no tenga pendiente” ...

Ya escuché –dije yo- ¿y qué tal? ¿Sigue chiquito o ya está bien formado? -

Ella se dirigió a Él y le dijo: “Dice mi marido que si tienes suficiente con que atenderme”

Él se puso de pie junto a mi esposa y se bajó el pantalón y la trusa y saltó un largo miembro que golpeó ligeramente el rostro de Ariana. Ella lo tomó con su manó libre y lo empezó a masturbar.

¡Está muy largo y se ve muy sabroso mi amor! ¿No te enojas si se lo chupo? - dijo ella

¡Claro que no! Disfrútalo con gusto... -asentí

Ella ya no dijo nada, solo empecé a escuchar los sonidos típicos de sus mamadas y los pujidos de Gustavo, que estaba disfrutando de aquello que siempre deseó. Ella, sin colgar la llamada, dejó a un lado el teléfono mientras Él la terminaba de desvestir. Yo estaba pegado al auricular tratando de no perderme ninguno de sus gemidos ni de sus frases calientes, con las que invitó a Gustavo a subirse en ella. Casi podía verla con las piernas bien abiertas mientras el hundía su cabeza entre ellas para chuparle esa rica panochita... le daba unas buenas “barridas” de abajo hacia arriba y luego clavaba su lengua. En un momento dado, ella literalmente aullaba de placer, pude escucharla rechinar sus dientes al momento del orgasmo y después pedirle a su nuevo amante: “¡Ya! ¡Penétrame con cuidado porque la tienes muy larga! ¡Dame tu leche que ya la quiero sentir hasta el fondo de mis entrañas!”.

Claro que repasar las escenas el video fue lo máximo, pero escucharlos en vivo fue algo de lo más caliente que he vivido últimamente, me saque el pene y empecé a masturbarme con la esperanza de que nadie entrara en ese momento a mi oficina. Finalmente escuche un nuevo orgasmo de mi mujer y después los bramidos de su macho en turno, “¡Ay barbaro!” -dijo mi mujer- “me vaciaste como dos litros de semen”. Con esas palabras terminé yo también por eyacular, me subí el cierre, traté de recuperar la compostura y salí de la oficina: “Jefe, ya voy por mi esposa al IMSS como le había comentado, regreso más tarde” ... y pegué carrera a casa. Ella no había colgado el teléfono así que en las bocinas del auto, seguía escuchando como al desmontarse, ella se puso a limpiar la crema que manaba del miembro de aquel hombre, con la “queja”: “Ay chiquito, te siguen saliendo chorros de leche”.

Cuando llegué a casa, Él ya la tenía de perrito en el sillón de la sala. Ellos siguieron en lo suyo mientras yo saludé con un apasionado beso a mi mujer y dí una nalgada a nuestro amigo: “¡Vamos, dale duro!” lo arengué. No tardó mucho en volver a eyacular, aunque ella ya no tuvo un orgasmo (llevaba 5 según me dijo”) Así que decidí ponerla boca arriba y darle una deliciosa mamada, saboreando ese néctar que escurría, producto de la mezcla de los jugos de mi mujer con los de su amante, que nuevamente había metido su verga en la boquita de mi mujer y para su asombro, ella se la tragó completa.
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Publicado en:24 Agosto 2020 2:22 pm
Última actualización en:9 Deciembre 2020 1:21 pm
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Ayer por la tarde me contactó Ramón, me dijo que vendría a Guadalajara y quería aprovechar para encontrarse con Ariana, pero que ella no le había respondido aún si lo recibiría. El me pedía verse con mi esposa a solas en esta ocasión. Le respondí que todo dependía de ella, pues no había estado de buen ánimo para juegos. Le recomendé que me avisara una hora antes para buscar pretexto para salirme de la casa, y que a ella le llamara 5 minutos antes y dijera que pasaría “dos minutos, solamente para saludarlos”. El me dijo que me llamaría como a las 8:30am.
Pasé la noche excitado e imaginando el mejor plan para facilitar el camino a nuestro amigo. Por la mañana, dejé a la mano de mi esposa un vestido ampón, escotado y sexy que sin pensar se puso cuando se levantó a preparar el desayuno. Le dije que me habían hablado de la oficina y tendría que ir a una junta (por el covid, trabajo desde casa). Puse una cámara oculta en la sala y otra en nuestra habitación y cuando Ramón me llamó puntual, le dije a ella que era de la oficina para confirmar mi asistencia a la junta. La dejé del mejor humor posible y salí quince minutos antes de que Ramón la llamara.
Pasé hora y media perdiendo el tiempo en la oficina, hasta recibir un mensaje de Ramón: “Muy sabrosa tu mujer, me invitó a co…mer. te veo más tarde.”
Regresé rápidamente a la casa para enterarme de qué era lo que había sucedido. Encontré a mi mujer casi a punto de meterse al baño. Apenas si pude robarle un beso y me dijo que me tenía una sorpresita, pero que primero se tenía que bañar. Aproveché para ir corriendo a revisar la cámara oculta en la sala y les cuento en seguida lo que se veía en ella.

Ramón trataba de abrazarla y besarla. Le decía: “ándale mi reina, solo un beso, tenía tanto tiempo con hartas ganas de verte.. y de abrazarte y de besarte chiquilla”. Ella le decía “No, compórtate, va a llegar mi marido” y el refutaba: “¿Ya que esté él aquí te puedo hacer lo que quiera?” pero ella no contestaba. En un momento dado, ella aceptó: “Solo un beso” dijo, entonces se prendieron de los labios y el la abrazaba y la acariciaba todo lo que tenía a la mano. De repente, Ramón se sentó en el sofá y sentó a mi esposa de frente encima de él, sin dejar de besarla. Ella se arremangó el vestido hasta la cintura y él empezó también a acariciar sus nalgas. Así estuvieron un rato hasta que ella se paró un poco y bajó sus manos a la entrepierna de Ramón, seguramente para liberar al monstruo que sentía entre sus piernas. En ese movimiento, él aprovecho para sacarle el vestido y quitarle las pantaletas y se la volvió a sentar encima pero ahora clavada por completo en su verga, y ella empezó a brincotear alegremente encima de él, dejándolo que chupara y magreara sus pechos. A veces la tomaba de las caderas para hacer más veloz aquél sube y baja, y de repente le plantaba una nalgada en cada uno de sus glúteos.

Adelanté unos minutos el video, ahora el se levantó y se quitó el pantalón. Ella se sentó y se la estuvo chupando un momento, acariciándole los testículos y dándole pequeñas mordidas para hacerlo sufrir… de placer. De pronto ella se volteó y se arrodilló en el sillón, recargada en el respaldo, ofreciéndole la vista de ese hermoso para de suculentas nalgas que tiene. Ramón, ni tardo ni perezoso se las abrió con las manos mientras que su instrumento iba encontrando por si solo el camino hasta el fondo de la vagina y le empezó a dar con fuerza, el vaivén estremecía todo el mueble y el plop plop de su vientre golpeando contra aquel trasero retumbaba por toda la habitación. De pronto, se escucharon los gemidos peculiares de mi mujer cuando se viene, junto con un berrido de su amante, que también estaba vaciando toda su leche en el interior de aquella concha.
Se despegaron muy lentamente. El se sentó y ella se acostó en el sofá, acurrucada y con la cabeza en sus piernas, lamiendo aquel enhiesto miembro que seguía derramando semen. El le platicó un poco y ella soló respondía: “ajá… mju”. Cumplido el tiempo reglamentario de cuarenta y cinco minutos él se empezó a despedir. Ella entonces lo invitó a comer y el respondió: “Solamente que el postre seas tú” A lo que ella respondió afirmativamente.
Guardé la evidencia. Me senté en el comedor a hacer un poco del trabajo de la oficina. Mi esposa llegó y me dio un fuerte beso y se metió al a cocina a preparar de comer. “¿Qué hay mi vida? ¿Alguna novedad? ¿Cuál es la sorpresa que me tienes?”. No me platicó nada, no me dijo que Ramón había estado en la casa, solo me dijo que tendríamos un invitado…
Terminé mi trabajo y me puse a escribir este cuento. Son las tres de la tarde y la veo que mira nerviosa y con excitación el reloj. Yo también estoy muy excitado de pensar en el postre que nos vamos a comer.
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Después de que mi esposa se prostituyó
Publicado en:1 Junio 2020 10:02 am
Última actualización en:4 Octubre 2020 3:27 pm
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Hoy sigo con la secuencia de mis narraciones…
Pues sucede que como a los dos meses, Raymundo y Juan volvieron a registrarse en el hotel donde yo trabajaba… claro que de inmediato me preguntaron si podría volver a llamar a la ricura que los había atendido la ocasión anterior, pues lo habían disfrutado mucho. Ese día, Estela no iba conmigo y no era factible llamarle para que se presentara a dar un “servicio” a mis dos huéspedes. Les respondí que en esa ocasión no sería posible. De inmediato indagaron si pudiera ser al día siguiente, pues se quedarían un día más en la ciudad. También respondí negativamente, pues me tocaba día de descanso… pero en seguida se me ocurrió una gran idea y les comenté: “Pero en cambio, los puedo invitar a cenar a su humilde casa”, mientras anotaba el domicilio en un papel que entregué a Raymundo. Sus pupilas se dilataron de la emoción y se iluminó su cara con una gran sonrisa de gusto, al tiempo que respondieron que con todo y pena, pero no se podían negar por nada del mundo, pues tenían muchas ilusiones de volver a ver a mi querida Estela.
Por la mañana, llegué a casa a dormir. Le dije a mi esposa que irían dos amigos a cenar, que preparara algo rico y se arreglara tan guapa como pudiera, no le dije nada más y ella pasó el día muerta de curiosidad mientras que yo, apenas si pude dormir.
Aún con tal mal sueño, me levanté hasta a las siete de la noche justo para bañarme y arreglarme a recibir a los invitados, claro, mientras, ayudaba a mi mujer a escoger ropa interior muy sexy, una blusa casi transparente y una falda ancha que le daba un poco arriba de la rodilla. Supongo que algo sospechaba, porque en ese momento se notaba que estaba tan excitada como yo.
Puntual a las ocho llamaron a la puerta y corrí a abrir. Raymundo iba solo, cargando flores, una botella de whisky y una gran bola de queso holandés. Estela corrió a asomarse para ver quién era la visita, y según me dijo después, sintió que se hacía pipí de la emoción de ver a Raymundo en la puerta, pero en esta ocasión bien arregladito y bañadito. Raymundo entregó las flores a mi amada, al igual que un apretado abrazo, recorriendo buena parte del cuerpo de Estela con sus manos y después, le recetó un beso apasionado, que termino en un revolotear de lenguas. Yo apenas si había alcanzado a cerrar a tiempo la puerta para que los vecinos no se percataran de lo que sucedía.
Ella preguntó por Juan (yo también tenía la duda de la causa por la que no iban juntos). Él respondió que nos alcanzaría más tarde, que no tuviéramos pendiente, sólo que se había tenido que quedar a “echar mecánica” a su camión. Igual nos dijo que podríamos ir cenando, porque Juan acostumbraba a cenar solamente cerveza y cigarrillos, así que pasamos directo a la mesa donde ya nos esperaba una botella de vino tinto y un espagueti a la boloñesa.
Claro que no recuerdo a detalle, cada cosa que platicamos, pero si me quedaron muy grabadas las risas de mi esposa mientras charlábamos, en especial, cuando él metía su mano bajo la mesa. Contaba chistes de bulto, tocando para ello a mi mujer, y muy seguido volteaba para darle un beso y apretar sus senos que resaltaban y atraían bajo esa blusa casi invisible.
Pasamos al sillón con un trago de whisky cada uno. Ellos tomaron lugar en el sillón de dos plazas y yo, el individual a su lado. Apenas nos sentamos, él la tomó firmemente de la cabeza con una mano mientras la besó, y su otra mano se aventuró bajo la falda… yo miraba extasiado cuando llamaron a la puerta y me levanté a abrir procurando no dejar de mirar a la pareja en mi sala, a quienes ya empezaba a estorbarles la ropa.
En la puerta estaba Juan, sucio, oliendo a sudor y con manchones de grasa. Barba crecida como de cuatro días y con un tufo a cerveza y cigarro muy notorio, pero eso sí, con una cara de alegría bastante contagiosa. Me saludó con un abrazo y nos pasamos directo a la sala, donde mi mujer ya no vestía su blusa ni Raymundo su camisa. Juan les dijo: “Espérenme, no sean gachos, ya empezaron sin mi” y mi mujer respondió: “Claro que no, ven, emparéjate con nosotros”. Lo sentó ahí mismo del otro lado de Raymundo y sin el menor recato ni señal de molestia por sus olores, lo empezó a besar con pasión y a desnudar, mientras le daba apretones a su pene por encima del pantalón, y luego lo jaló de la cabeza para llevarlo a su pecho, donde Juan chupó y magreó sus pezones mientras Raymundo se terminaba de desnudar del todo.
Otro minuto de besos apasionados con Juan, con sus lenguas jugando notoriamente dentro de sus bocas mientras las manos de Estela ya habían bajado el zipper del pantalón, y se agachó de inmediato a meterse buena parte de aquel miembro cabezón y baboso en su boca, saboreándolo con gran gusto.
Juan me hizo una seña para que me acercara a ver… me preguntó lo que sentía de ver a mi esposa haciendo todas esas cosas ahí junto a mi… y solo atiné a responder: “Yo sólo sé que la amo y la deseo más cada día” … entonces mi esposa soltó aquel pene y volteó a darme un cariñoso pero perverso beso que me dejó la boca impregnada al sabor de aquel hombre. Después, ella se arrodilló en el sofá y se levantó la falda, dejando ver que cuando le fui a abrir a Juan, Raymundo le había quitado las pantaletas y ahora mismo ya estaba listo para penetrarla. Estela mientras volvió a besar en la boca con frenesí a Juan y en una pausa, me miró y preguntó si me gustaba lo que estaba viendo… y si… ¡me encantaba!
Después del beso con Juan, se la volvió a mamar al ritmo que Raymundo le marcaba con sus arremetidas. Yo no sabía para donde mirar. Ella de repente me pedía que me acercara a besarla, y luego seguía con su labor. Estuvieron así como por 10 minutos y luego Juan y Raymundo intercambiaron de posición. Yo me desnudé también y arrimé mi pene para que de vez en cuando me diera también unos chupetones. A un lado de la verga de Raymundo, la mía se veía al parejo, no tanto como si las comparáramos con la de Juan, que francamente me humillaba.
Después de eso, ella los tomó de sus penes para llevarlos a nuestro lecho matrimonial: acostó boca arriba a Juan para clavarse sobre él, y después pidió a Raymundo que se untara de vaselina y la penetrara por atrás… yo completé la escena parándome frente a ella y dándole a mamar mi babeante instrumento. Ella se vino varias veces antes de que alguno de nosotros arrojara su lechosa carga dentro de ella.
El primero en terminar fue Raymundo, que de pronto echo la cabeza hacía atrás y empezó a lanzar fuertes bufidos. Yo recibí una fuerte mordida cuando ella recibió el primer chorro de semen en su ano. Ya todo vaciado, Ray pasó sus manos por delante de ella para apretar sus colgantes senos mientras salía lentamente de su trasero, todo esto mientras ella seguía meneando las caderas con la asta de Juan en su vagina y su lengua lamiendo el contorno de mi glande.
Después dejó de chuparme y me pidió que me sentara en la cama a un lado de ellos y empezó a menearse como auténtica batidora, luego se echaba para atrás y me permitía ver como se sacaba casi por completo la verga de Juan, y después se la enterraba con fuerza hasta el fondo. Varias veces vi como salían claros chorros denotando un húmedo squirt que hacía brillar aquel cipote, como brillan los musculosos fisicoculturistas en sus competencias. Aproveché para meter mano a su clítoris y frotarlo, así, con ligeros roces, pude comprobar la dureza de aquel falo y la manera en la que hacía estremecer a mi mujer hasta que no podía más. De pronto Juan simplemente se corrió dentro de ella y su semen espeso y blanco empezó a rebosar alrededor de la palpitante vagina que lo apretó hasta que aquel intruso salió abatido, dejando escurrir buena parte de aquel lechoso contenido. Ella se tendió rendida sobre la cama mientras los tres caballeros, nos fuimos a fumar y a beber un rato a la sala, eso sí… totalmente en cueros.
Un rato más tarde, Juan se excusó para pasar al baño, pero ya no regreso. En cambio, se volvieron a escuchas gemidos y quejidos en la habitación. Raymundo y yo nos levantamos y al asomarnos los vimos en pleno acto sexual, ella acostada y con las piernas alrededor del cuello de aquel hombre que metía y sacaba con rudeza su pinga, tratando de hacer el trayecto lo más largo posible y con ello provocar los alaridos de mi mujer. Ante tal visión, no pudimos menos que acercarnos cada uno a ambos lados del rostro de Estela, chocando nuestros prepucios contra sus labios. Cuando Juan ya no pudo aguantar más, saco su larga y gruesa pija de la vagina y nos quitó abruptamente, se paró a un lado de la cama y giro de lado a mi mujer para poder metérselo en la boca y entonces empezó a eyacular, aún más abundantemente que la primera vez.
Raymundo se pegó entonces al trasero de mi esposa y sin gran dificultad, deslizo también su vara hasta el fondo de su chocho, dónde estuvo por un rato hasta que ella terminó de lamer y relamer la verga de Juan. Entonces, fue Raymundo el que se paró a un lado de la cama y le clavó su manguera en la boca casi al mismo tiempo que empezó a lanzar gruesos goterones de semen. Estela también los recibió en la boca y los tragó, y siguió lamiendo por unos minutos hasta dejarlo seco por completo.
En tanto, yo me arrimé para empezar a besar sus piernas y meter mi cabeza poco a poco hasta llegar con mi lengua a su clítoris, lamiendo con fruición toda su vulva. De vez en cuando también la metía lo más profundo que podía en su ahora dulcísima panocha, provocándole nuevos estertores y más profundos orgasmos hasta que me pidió que me detuviera, me abrazó y me beso con esa boca pegajosa y así nos quedamos dormidos por un rato. Al despertar, ya los invitados se habían marchado. Yo volví a lamer todo su cuerpo y la penetré en la posición del misionero, gozando al tope aquella sensación de su putísimo coño, húmedo y caliente. Al final, mirando en su cuerpo y rostro las huellas de lo recién acontecido, tuve uno de los mejores orgasmos de mi vida.
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La ocasión en que mi esposa se prostituyó…
Publicado en:19 Abril 2020 9:14 pm
Última actualización en:3 Febrero 2021 10:44 am
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Bueno, con la finalidad de dar un poco de secuencia a mis relatos, escribiré de la ocasión en que mi esposa (la primera) se prostituyó…
Recién regresando del viaje a Puerto Vallarta que narré recientemente, volvimos muy prendidos y con ganas de hacer muchas cosas calientes todo el tiempo que nos era posible. A veces se complicaba porque ella trabajaba de día, y yo de noche en un hotel a pie de carretera que hacía hasta lo imposible por no ganarse la fama de ser hotel de paso.
La mayoría de los huéspedes eran choferes de tráiler y ganaderos, que de alguna forma siempre metían muchachas a sus habitaciones… también era común que se colaran parejas que solo estaban por un par de horas en la habitación. Yo era el recepcionista nocturno y me apoyaba en el bell-boy, que también hacía las funciones de vigilante. Una de esas noches, una chica que salía de una de las habitaciones, me la cantó abiertamente: “Tu bell-boy nos maltrata, nos extorsiona, e igual cobra a las parejas de paso para que puedan pasar, a veces hasta los pasa dos veces a la habitación que otros usaron. Tienes que delatarlo para que no te lleve entre los pies o yo lo voy a hacer.”
(También me ofreció una “propina” a cambio de llamarla a ella y a sus amigas cuando un huésped pidiera los datos de una buena ).
El caso es que tuve que delatar al bell-boy… lo despidieron, pero ya no contrataron a otro en su lugar y yo tenía que hacer todas las funciones, cosa que me facilitó siempre poner en contacto a mis amigas con los huéspedes, de forma muy discreta y solo aceptaba lo que buenamente me dejaban de propina, que no era poco.
Volviendo al asunto con mi esposa, pues sucede que dos o tres veces me acompañó por las noches a mi trabajo, ya que traía mucha calentura y de alguna forma me daba tiempo de atenderla y después dejarla dormida en la oficina adjunta a la recepción, en lo que llegaba mi hora de salida.
Una de esas noches, llegó un trailero a pedir una habitación y durante el registro, me pidió si no podía conseguirle una amiguita para esa noche. Como siempre, le respondí que no, que en ese hotel no se permitían invitados por la noche, pero guiñándole el ojo. Le asigné una de las habitaciones de la sección más oscura y sin otros huéspedes (de hecho, esa noche había muy pocos huéspedes en todo el hotel), pensando en comunicarle a mi amiga en cuanto llegara a su habitación.
Apenas salió aquel hombre de la recepción, mi esposa también salió de la oficina y me preguntó qué había sucedido… le expliqué que aquel hombre, cuarentón, alto, fornido, moreno… solo un poco sucio pero de buen porte, deseaba pagar por sexo y que pensaba comunicarlo con mi amiga de siempre… claro que a esas alturas de la plática, ya estaba viendo como mi mujer se relamía los labios de pensar en comerse a aquel macho… y además ganarse 600 pesos por ello (Esa era la tarifa de mi amiga, pero yo sabía que se las ingeniaba siempre para no ganar menos que mil pesos por visita, más lo de los taxis).
Y pues yo también me prendí rápidamente. La comuniqué con él, pero previo le expliqué un poco lo que tenía que decir: 600 el servicio de una hora más 200 de taxis… y que tardaría media hora en llegar. Raymundo, que era el nombre de aquel chofer, aceptó sin chistar y solo aguardamos unos minutos antes de mandar su “cena” a la habitación, para disimular un poco. Mientras tanto, nos empezamos a besar y a tocar con verdadero fuego… al punto de que casi lo hacemos antes, pero nos contuvimos para que llegara bien la mercancía y no hubiera motivo de queja. Le pedí a mi esposa, que, alegando calor, abriera un poco la ventana y dejara ligeramente abierta la cortina, así yo podría, oculto en el jardín contiguo, ver y escuchar todo lo que hicieran. Claro, en el camino apagué las luces del jardín para no ser notado.
Yendo con Raymundo, a los dos nos latía el corazón como a punto de explotar. Las manos nos sudaban, pero a la par, su vagina y mi pene derramaban jugos y deseo. Metros antes, la dejé continuar sola para ocultarme tras la ventana mencionada, justo en el momento en que ella tocara a la habitación y así evité ser notado.
Así fue, y tres minutos después de que ella entró al cuarto, abrió la ventana y la dejó lo suficientemente abierta para que yo pudiera ver y oír claramente… ¡gran sorpresa! Había otro hombre en la habitación, de más de 60 años, gordo feo y chaparro, que era el ayudante de Raymundo, llamado Juan, y que después supe, se incluyó en el trato con la tarifa total de $2,000 pesos incluido taxis.
Yo de entrada no comprendí nada, pero viendo como entre los dos la tocaban, la besaban y la iban desnudando, sentí que mi pene crecía a límites inimaginables, y mirando que ella gemía, gozaba y parecía estar muy de acuerdo con la situación, ya no me preocupé del cambio de situación.
Mi amada Estela estaba ahí, sin mí, indefensa en medio de dos hombres rudos. Se prendió de la boca de Raymundo y con sus dos manos acariciaba su cabello, mientras Juan ya succionaba sus pezones y metía mano entre sus piernas, notando con mucha alegría como aquella que habían contratado para esa noche, se escurría como deseando intensamente ser penetrada… lo cual era verdad.
Pronto, ellos también ya estaban desnudos y se plantaron con tremendos fierros delante de ella, siendo el de Juan, más largo y grueso que el de Raymundo, pero ella no discriminó y a los dos los empezó a lamer y a mamar por igual. Estiraban sus manos para amasar sus pechos y pellizcar sus pezones o para sostener su cabeza y llevar el ritmo de la mamada. A veces ella los lastimaba un poco de forma intencional y volteaba su mirada a la ventana desde donde yo contemplaba extasiado… ellos como respuesta, la jalaban del pelo y la ponían nuevamente a hacer lo suyo.
Después de un rato, se tendió en la cama abriendo muy bien sus piernas para darle el turno a Raymundo, que antes de montarse, dio un repaso al cuerpo de mi bella esposa con besos, lamidas y mordidas desde sus pies hasta el cuello. Ya estando allí, le clavo una estocada que la hizo pegar un grito apasionado. Ella subió sus piernas a sus hombros y él se arrojó con todo su cuerpo sobre ella, pero ella estaba gozando tanto de aquel hombre, que se olvidó de atenderlo y se dedicó solamente a disfrutar y a lanzar miradas de placer hacia la ventana donde yo miraba. Después de unos minutos, el no estaba satisfecho con lo que estaba pasando por lo que se bajó y cedió el lugar a su compinche.
De igual forma, Juan dio un repaso al cuerpo de mi Estela con su boca y manos… llegó al cuello y empezó a besarla con gran pasión… Ella le correspondió con fogosidad, le tomó el pene y le acariciaba las tetillas. Se dobló un poco para chuparlo y asegurarse que estuviera bien erecto, pero de entrada les aseguro que si lo estaba, y según me dejó en claro, nunca se había metido nada tan grande como eso en su vida. Juan la montó de un brinco, ella lo atrapó con sus piernas y comenzó con un meneo formidable, raro se me hizo que el tal Juan no se viniera dentro de ella en ese momento (hasta entonces recapacité en que no estaban usando condones, le dijeron que ella debía haberlos llevado, como buena piruja, pero claro, no estaba preparada para eso).
Después acostó a Juan sobre la cama… su pene parecía un mástil y ella se trepó en él, y empezó a bajar introduciéndolo lentamente en su vagina… en eso, Juan la tomó de la cadera y la jaló de sopetón, clavándole por completo su gordo y largo miembro. Ella se empezó a venir y a chorrearse encima de él, que le dijo que nunca había tenido una tan sabrosa y caliente. Ya pasado el orgasmo, ella le empezó a aplicar “la batidora” y claro, volteando a mi ventana con cara de “mira que bien lo hago”. Él estaba encantado con ese movimiento y estiraba las manos y le agarraba las chichis tan fuerte que le dejó algunos moretones. De repente ella se arrojaba sobre Juan y le plantaba apasionados besos… supe después que lo hacía cada que tenía un orgasmo.
Pensaba que nada podía superar aquella situación, que me tenía masturbándome escondido en las sombras, pero llegó lo mejor, justo cuando ella montaba a Juan y lo besaba con pasión, cuando la tenía bien abrazada apretada contra él… Raymundo decidió que aquello que veía le encantaba y era su turno de gozar lo que no había gozado cuando estuvo montado en Estela… Se acomodó de un brinco, ya con el pene bien erecto y empujó un poco dentro de la vagina de mi mujer, que sintió por breve tiempo la delicia de tener dos penes ocupando ese lugar, pero una vez que Raymundo pensó que ya estaba lo suficientemente lubricado, lo sacó y empezó a meterlo en su ano… y ella a gozar y a moverse y a temblar como ninfómana desquiciada, hasta que los dos vaciaron su esperma en sus respectivos huecos… ella les dijo: “No me vean la cara ahora, porque van a querer cobrarme en vez de pagarme”.
No pude tener mejor suerte… hasta ese momento sonó la campana de la recepción que anunciaba la llegada de nuevos huéspedes. Me sentí muy dichoso de no haber sido interrumpido con anterioridad y corrí para atender el negocio. Apenas registré a los nuevos huéspedes y los llevé a su habitación, llegaron otros más, de tal modo que hasta casi una hora después, me hube desocupado y me empezó la preocupación de que mi esposa aún no salía de aquella habitación. Me arrimé con sigilo a ver qué sucedía, y para entonces ya estaba la luz apagada. Sentí pavor, pero apenas pensaba en lo que tenía que hacer, cuando escuche que la puerta de la habitación se abría. Salieron los tres desnudos al pasillo… ella, desnuda, puso su ropa en el piso para arrodillarse a chuparlos hasta que los dos se vaciaron por completo en su boca. Después de propinarle un par de buenas nalgadas, aquellos amigos se volvieron a meter a su cuarto y ella, en el pasillo, se puso solamente encima su vestido y agarró con una mano sus zapatillas y ropa interior, mientras que con la otra apretaba satisfecha los cuatro mil pesos que acababa de ganar en esa noche.
Caminé hacia ella, la cargué en mis brazos para que no tuviera que andar descalza por los pasillos, la besé con pasión, prácticamente le comí la boca sin importarme el tipo de leche que acababa de beber hace unos instantes. Llegué con ella a grandes zancadas a la recepción y la deposité sobre el mostrador. Entonces seguí besando el resto de su cuerpo, sin omitir meter mi lengua en su vagina y en su ano. Finalmente, la puse de pie de espaldas a mí, y la doblé sobre un sillón, para penetrarla de forma anal hasta que me vacié por completo dentro de ella. Terminó de vestirse y subió a esperarme al carro… ya casi era la hora de terminar mi turno y el recepcionista matutino estaba por llegar. Antes de salir, Raymundo y Juan dejaron el hotel. Al dejarme la llave, Raymundo me comentó que tenía una magnifica esposa. Debió ser muy intuitivo, porque ella jura que no le comentó nada y todo el tiempo se hizo pasar por , mi sabrosa y caliente .
Un mes después quisimos repetir la experiencia con un ganadero, pero todo fue un fracaso, nada que contar.
Lo que sí, es que a los dos meses regresaron Raymundo y Juan, pero esta vez, los invitamos a cenar a nuestra casa… claro que nos cenamos a mi mujer, pero eso será motivo de otra caliente narración.

De eso hace ya más de 20 años... no puedo jurar que las cosas sucedieron exactamente como las recuerdo... tal vez las he mejorado un poco cada que pienso en todo eso, pero de forma general, eso fue lo que sucedió.
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Con mi primer esposa, Esthela...
Publicado en:5 Abril 2020 9:21 am
Última actualización en:1 Junio 2020 9:04 am
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Hoy nuevamente les cuento una aventura real con mi primer esposa, Esthela.

En aquel tiempo, ya con siete años de matrimonio, y solamente un par de cuernos consentidos (al menos eso pensaba yo), nos fuimos de vacaciones a Puerto Vallarta en un mes de octubre, iniciando un lunes para regresar a casa el domingo.
Eran días de poca ocupación y de pronto algunas tormentas vespertinas. El martes regresamos al hotel a eso de las cinco de la tarde ante la amenaza de una fuerte lluvia. Salimos a la terraza, ella todavía enfundada en un diminuto bikini atigrado, que mostraba sus carnes sabrosas y firmes, sin duda a sus treinta años lucía en todo su esplendor.
Yo, para variar muy prendido, empecé a besarla y a sacarme el traje de baño. No parecía haber nadie que pudiera vernos, así que haciendo un poco de lado su tanga, empecé a penetrarla. Ella, un poco cohibida por el lugar en donde estábamos, se resistió al principio, pero ya que se dio cuenta de que, “nadie podía vernos” se recargó contra el barandal y me dejó seguir con lo mío, aunque seguía discretamente en silencio.
De una terraza a otra, nos dividía una cortina de follaje verde. Me di cuenta de que, si al otro lado alguien se acercara lo suficiente, podría estar viéndonos sin que nosotros nos percatáramos. De pronto sentí que olía como que alguien había encendido un cigarro, por lo que le susurré a mi mujer, que seguramente alguien nos estaba viendo en la terraza de a un lado. Eso la prendió muchísimo y se mojó de inmediato. Empecé a darle más duro y ella a gemir sin recato, por un par de minutos, hasta que terminamos.
Ya todo sudado y rendido, le dije que entraría al baño y a darme una buena ducha. Ella me dijo que también se metería a bañar, pero que mientras yo estaba en el sanitario, se fumaría un cigarrillo. Así pues, entré al baño y posteriormente a la regadera. Tardé un poco en el agua esperando que ella entrara a bañarse conmigo, pero no sucedió así.
Salí de la ducha y mi querida esposa entró un poco inquieta a la habitación, con la gran idea de mandarme a comprar unas caribe cooler mientras ella se daba su baño. El día anterior, el mini-mercado afuera del hotel había estado cerrado por la tarde y tuve que caminar algunas calles para llegar al Oxxo más cercano. Sería un mandado de al menos media hora, tiempo que estimé suficiente para que ella se bañara y arreglara y pudiéramos aprovechar entonces para hacer más cositas divertidas (esperaba poder convencerla de tener sexo anal, pues solo me había dejado hacerlo un par de veces en nuestra vida de casados).
Hecho el plan, salí de nuestra habitación con la idea de afrontar una larga caminata, pero apenas afuera del hotel, tuve la alegría de encontrar abierta la tienda de junto, por lo que antes de minutos ya estaba de regreso en nuestro cuarto.
La sorpresa fue que encontré la habitación vacía. Revisé primero el baño y luego me asomé a la terraza. El cielo estaba más nublado, había mucho aire y truenos de lluvia inminente, y de pronto pude escuchar algunos gemidos claramente sexuales en la terraza inmediata a la nuestra. Supuse que la pareja al lado también había querido hacer lo mismo que nosotros. El morbo me invadió y me arrimé lentamente para ver a la pareja vecina teniendo relaciones, pero… ¡gran sorpresa! La pareja teniendo sexo era nada más y nada menos que mi querida y dulce esposa con un muchacho de apenas unos veinte años, bastante moreno y bien dotado.
No pude decir nada… solamente los observé detenidamente. El joven le había quitado la tanga y la tenía penetrada analmente. Magreaba sus senos o la jalaba del cabello aleatoriamente mientras entraba y salía de ella con bastante rudeza… se escuchaba un plop-plop bastante sonoro. Ella gemía y gritaba que le diera más duro, y que la llenara con su leche… De pronto le quitó el top y salió volando para caer 5 pisos abajo en los jardines del hotel. Yo apenas podía creer lo que veía, pero sin duda, estaba tan excitado que el coraje y los celos pasaron a segundo término.
En pocos minutos, él se empezó a venir dentro de su ano, pero de inmediato saco su grueso pene… soltó un chorro de semen también sobre su espalda y después la volteó de rodillas delante de él para terminar de vaciarse dentro de su boca. Ella lo chupó todo con pasión, acariciando también sus testículos con su fabulosa lengua, y mamó con fruición hasta la última gota de semen. Al final, se levantó de improviso buscando su tanga y diciéndole al chico que tenía que regresar a la habitación, pues yo estaba a punto de volver.
Yo no sabía que hacer… salí rápido del cuarto para que no me fuera a encontrar allí… me aposté en un recoveco del pasillo hasta que la vi salir totalmente desnuda hasta nuestra habitación (seguramente la tanga se quedó como trofeo).
Apenas cerró la puerta, yo salí de mi escondite para entrar de prisa detrás de ella. La encontré masturbándose en el sillón… sin duda no esperaba que yo regresara tan pronto, apenas si habrían pasado unos 20 minutos… abrió los ojos como platos, pero como también tenía las piernas bien abiertas, me abalancé sobre ella para chupar su sabrosa vagina en la que apenas hace un rato había dejado mi esperma.
Ella estaba sorprendida, pero también, excitadísima como hacía meses no lo había estado. Manaban chorros calientes de su interior. Estaba deliciosa, pero mi calentura me hizo buscar también su boca, impregnada por completo del sabor de otro macho. Mordí su cuello, sus pezones… la puse boca abajo para limpiar los blancos manchones en su espalda y bajé hasta su ano para meter mi lengua muy profundo en su interior. Ella no se pudo resistir, por el contrario, se apretaba contra mi y tuvo varios orgasmos. Finalmente la penetré analmente sin ninguna oposición de su parte. Eyaculé dentro de ella como si en semanas no hubiese eyaculado.
Me tumbé boca arriba y la sentí acomodarse entre mis piernas para lamer mi pene, como en actitud de disculpa… Después de bañarse, trató de actuar como si nada, incluso me comentó que el aire había hecho que el bikini que había dejado a secar en la terraza se había volado con el viento, mostrándome a medio jardín el top que ondeaba como bandera pirata colgado de un arbusto. Claro que no la iba a dejar que se saliera con la suya… en su momento le restregaría en la cara todo aquello que la había visto hacer.
Esa noche había poca gente para cenar… de pronto vi a nuestro vecino y le pedí permiso de sentarnos con él a cenar, para congeniar un poco… se sorprendió, pero accedió con alegría… ella estaba muy nerviosa, yo solo me relamía de gusto pensando en verla de a perrito penetrada por ese chico y yo, de frente a ella, restregándole mi pene en la cara…
Esa y más cosas sabrosas viví en aquellas vacaciones de octubre en Puerto Vallarta... por cierto, adjunto la última foto donde se le ve con ese famoso bikini atigrado
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No, no es sencillo atreverse a hacer un trío…
Publicado en:28 Marzo 2020 11:28 am
Última actualización en:7 Enero 2021 10:44 am
11374 vistas
Yo era muy celoso, a grados extremos. Mi primer matrimonio fue con una mujer hermosa, pero demasiado traviesa. Me encantaban las delicias que sabía hacer conmigo, pero siempre sufría por las formas en las que imaginaba el cómo lo pudo haber aprendido. Ella me quería, pero jugaba su juego y no perdía oportunidad para tener siempre a alguien detrás de ella, hombres o mujeres. A mí me provocaba con la idea de juntarse con una chica y atenderme entre las dos, cosa que no me parecía tan desagradable, hasta que me preguntaba si haría lo mismo por ella, pero en compañía de un varón… ahí si explotaba y duraba enfadado un buen rato, pero cada vez menos, pensando que solo era una forma de divertirse conmigo.
De forma extraña, una de tantas noches tuve un sueño en el que éramos atacados por un grupo de vándalos en moto, que me sometían mientras “abusaban” uno a uno de ella. Y entrecomillo la palabra “abusaban”, porque, aunque se resistía, al final se notaba que lo gozaba… cada arremetida, cada beso, lamida o mordida, cada eyaculación, la hacían gemir de una forma que a la fecha no borro de mí memoria. Fue un sueño en el que sufrí mucho, pero al despertar, tenía una tremenda erección. Duré mucho tiempo que al recordar, me excitaba y me provocaba a tener relaciones más intensas con mi mujer. Terminé por contarle mi sueño, y después pasamos a fantasear por igual con la idea de que ella estuviera con otro hombre o que hiciéramos un trío con una mujer. Con tanta imaginación, disfrutábamos largas noches de sexo y a veces nos íbamos a trabajar sin haber dormido nada, cosa que exacerbaba siempre mi apetito sexual y mi perversa imaginación.
Aun así, mis celos seguían estando presentes, y la idea del trío con otro hombre me asqueaba pensando en que tal vez nos tocaríamos estando entrelazados con ella…
Pero finalmente, ella sabía lo que buscaba y en una de esas fantasías, por fin se cumplió lo que siempre me había temido: tuvo relaciones con otro hombre, con mi previo consentimiento.
Ya el día del suceso (un viernes), mi reacción fue tremenda: celos, palpitaciones, dolor de estómago, como si allí tuviera una piedra ardiente, excitación al tope… realmente puedo decir que desvariaba y que cuando al final llegó a casa, la traté rudamente y la poseí con una violencia, que subía y bajaba conforme me iba platicando lo sucedido: cómo se desnudaron, cómo se acariciaron, la forma en la que lo recostó para hacerle el sexo oral y después empezar a montarse en su pene. El modo en que Él la tomó de las caderas para, de un jalón, penetrarla completamente, y las distintas posiciones que hicieron durante una hora, hasta que finalmente se vació dentro de ella, para después restregarlo en sus senos y meterlo en su boca hasta que lo dejó limpio y seco. Ella no se bañó para que yo pudiera constatar la veracidad de la historia, y en ese punto de la narración, yo me rendí a mis deseos y bajé a paladear todos esos rincones de ella, por donde me empezaron a salir los cuernos. Nunca, nunca había estado antes tan excitado, a pesar del dolor de estómago y el sentimiento de que mi pene se partía en dos. Lo hicimos toda la noche, dormimos un rato por la mañana, y seguimos haciéndolo todo el fin de semana… nuestras ganas no podían apagarse.
Llegó el segundo, y fue igual de excitante, aunque por mis celos, casi nos divorciamos. Finalmente entendí que no me podía alejar de eso, que me gustaba alcanzar ese grado de excitación, y volví con ella y regresamos a las andadas.
Con lo aprendido, hicimos una mejor selección de su tercer amante, incluso añadimos la esperanza de que la embarazara, ya que yo no había lo logrado aún. Tuvo con él dos, tres salidas en sus días más fértiles, con él eyaculando en su vagina también en varias ocasiones. Disfrutamos al tope cada vez, y la excitación se mantenía hasta que le venía la regla. Entonces, a empezar a fantasear de nuevo con el siguiente encuentro.
Pero ¡qué caray! Por azares de la vida, él se mudó a otra ciudad y se complicó su siguiente reunión. Decidimos que lo viera en una ciudad intermedia a donde podíamos viajar durante el siguiente puente. Reservamos dos habitaciones con la idea de que tal vez, yo poder escuchar afuera de su habitación, o hasta quizás, atisbar un poco por la ventana… aún me parecía imposible que estuviéramos juntos los tres en la misma habitación…
Pero insisto… ¡Qué caray con los azares del destino! El hotel estaba sobrevendido… Ninguna habitación disponible en todo Ixtapan de la Sal… con dificultad conseguimos una sola habitación con solamente una cama matrimonial… no había más que ofrecerle compartir la habitación y ver qué sucedía.
Él llegó unas horas después, aceptó la propuesta con la idea de, al día siguiente, poder conseguir otra habitación y hacer aquellito para lo que habíamos hecho el viaje. Parecía que esa noche y a pesar de lo excitados que estábamos los tres, íbamos a dormir tranquilitos… ¡Qué va! Ella sabía perfectamente cómo nos quitaría los remilgos.
Ella se metió al baño para que nosotros nos preparáramos para dormir. Pensé que saldría ya con su camiseta escotada que usa de pijama, pero no… se paró enfrente de la cama y nos dijo: “Cierren los ojos que me voy a cambiar”. No voltee a verlo a él, pero seguramente, como yo, tampoco cerró los ojos, sino que disfrutamos plenamente de ese streap tease en el que, discretamente, nos ocultaba algunas de las partes de su cuerpo que más queríamos ver. Al final, nos miró con ojos de pasión mientras decía: “mi esposo a un lado, mi amante al otro… ¿y yo qué? ¿salgo a darme de topes en el pasillo? Le respondí que tuviera tranquilidad y que solo deslizara su cuerpo en medio de los dos, que pronto tendría lo que necesitaba.
Permanecimos en silencio y casi inmóviles por cinco minutos. Ella pegó a mí su trasero, y ya la camiseta se había levantado lo suficiente para sentir la piel de sus glúteos. Mi pene también se había salido de la trusa, y sin problemas, de forma automática había penetrado la cabecita al interior de una mojadísima vagina. Del otro lado, ella recargaba su cabeza en el hombro de su amante mientras su mano empezó a acariciar su pecho y a bajar lentamente hasta el resorte de su calzón. Entonces pregunté… ¿vamos a hacer algo?
La respuesta que se escuchó fueron sus bocas besándose con furia. Ella agarró con firmeza su pene y lo sacó para agitarlo con fuerza… estaba tan duro y ya escurriendo, como el mío. Se fue doblando hasta poder llegar a él con su boca y lo besó y lo mamó solamente para comprobar que estaba listo.
Mientras él tiraba las sabanas al suelo, ella se volvió hacia mí para besarme y después se montó sobre él. Yo estaba prácticamente paralizado de los nervios y muy, pero muy excitado. El espectáculo era asombroso y yo disfrutaba viendo como mi mujer se movía descocadamente clavada en el pene de aquel hombre, lo abrazaba y lo besaba a cincuenta centímetros de mí. El no dejaba de acariciarla, magrear sus pechos y disfrutar de aquellos fantásticos movimientos. De repente se doblaba un poco para besarme y acariciar mi pene, comprobando así que mi calentura estaba al tope. Con ello me destrabé un poco y arrimé mi mano para penetrar su ano con uno de mis dedos, ella empezó a gritar y a escurrirse como nunca antes lo había hecho.
Un rato después, cambiaron a la posición del misionero. Cuando ella subió sus piernas a los hombros de él, me arrime para besarla, Entonces el cargó todo su cuerpo sobre sus piernas y la dobló por completo, entonces ya la besábamos los dos cuando él se empezó a venir a chorros dentro de su vagina y quedó tendido sobre ella por un rato. Cuando se levantó a asearse, yo tomé su lugar… fue increíble la sensación de esa vagina caliente inundada por el semen de aquel macho, apenas si pude durar cinco minutos y también eyaculé hasta lo más profundo de ella.
Después de eso, solo me deslice hacia un lado. Él se acurruco del otro y nos quedamos profundamente dormidos mientras nos repegábamos a ella y apretábamos ligeramente sus carnes. Lo que no creía posible había sucedido: Un “trío” con mi mujer y otro hombre… aunque hasta ese momento todo había sido muy sencillo, lo mejor estaba por venir en lo que quedaba de ese fin de semana
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¿Una casualidad?
Publicado en:16 Marzo 2020 6:05 pm
Última actualización en:28 Marzo 2020 11:33 am
12543 vistas
Ya había pasado más de un año desde la última vez que Ariana y yo habíamos hecho un trío (noviembre, 201 y parecía haber perdido el gusto por ellos, o más que nada, ya la edad y los achaques no nos dejan llevar una vida como la que quisiéramos. Le insistí algunas veces, pero siempre tuve una respuesta negativa. Pensé que lo bueno es que ya habíamos probado y disfrutado de tales placeres en muchas ocasiones, más de las que me esperaba.
Pero la vida no deja de sorprenderlo a uno, y una de estas tardes, en las que el calor empieza a sofocar a los tapatíos, me pidió que la llevara a nuestra taberna favorita de la colonia moderna, para tomar alguna fresca bebida que amainara nuestro sopor. Manejé tranquilamente por una calle solitaria, justo a la hora del crepúsculo, cuando de pronto y muy sorpresivamente me dice de improviso: “¡Mira! ¡detente! ¿Ya viste quien está ahí?”
Me detuve por instinto y después busqué al susodicho, era nada menos nuestro amigo José, a quien teníamos casi 3 años sin ver, y estaba ahí recargado sobre la pared, mirando el celular, como si estuviera por pedir un “Uber”. Al principio, como que no se percató de nosotros. Abrí la portezuela, bajé del auto y parado allí entre la puerta y el auto, lo llamé.
- “¡Hola, mis amigos!”- me respondió con un rostro muy alegre. Se arrimó a la ventana de Ariana y se agacho a saludar, sin duda con un beso. Después se irguió y recargado en el auto, extendió la mano para saludarme y en esa posición empezamos a platicar. Le pregunté qué se había hecho, y también le pregunté para dónde iba, amablemente lo invité a tomar una copa con nosotros. El me respondió lo que hacía y sin preámbulos me dijo - “¿Y qué tal si vamos a un motel?”-. Ya que mi mujer no había estado muy animosa últimamente le dije: - “No sé, sería cosa de preguntar a Ariana a ver si puede y quiere”-. Entonces me dijo: - “Yo creo que si va a querer, pero no la interrumpas ahorita por favor”-, poniendo una cara de placer, que me hizo saber de inmediato lo que estaba sucediendo, así que a toda prisa me agache y me metí al auto para mirar: Nuestro amigo estaba con su pelvis recargado contra la ventana, y mi esposa le había bajado la bragueta para liberar su monstruo, al que mamaba apasionadamente. Cuando sintió que la estaba observando, se sacó aquello de la boca y me dijo: - “¡Saluda a tu amigo!”-, y yo, sin recató alguno, lo metí brevemente en mi boca y después besé a mi mujer, que hizo pucheros cuando le pedí a José que subiera al auto, pues no quería soltar su pene, por lo que a ella le ordené que se subiera atrás con él.
Y así lo hizo… la poca distancia que recorrí hasta el motel más cercano fue utilizada por ella para seguir chupando esa polla que por lo visto, ya extrañaba.
Esta vez no hubo jacuzzi, pasamos directamente a la cama ya quitándonos la ropa. A ella la desnudamos primero y la colocamos boca arriba. Él se puso a lamer su vagina mientras yo le ayudaba a quitarle su pantalón y me revolvía quitándome el mío. Una vez desnudos, yo empecé a masturbar su pene y meter mi dedo en el ano de José mientras él ya tenía los suyos dentro de la vagina de Ariana y seguía lamiendo, pero Ariana ya quería tener su verga adentro y lo jaló sobre ella para besarlo mientras el arremetía hasta el fondo de ella con aquel instrumento.
Yo me acomodé atrás para ver desde ahí la acción, aprovechando para meter mis dedos en el ano de José, pero también en el de Ariana, con lo que rápidamente llegó el primer Orgasmo. Ahora que lo hacían más lento, tome la iniciativa de ponerme un condón para penetrar analmente a nuestro amigo, mientras el regodeaba su pene en la puchita de mi mujer: Un sabroso trenecito al que jugamos por espacio de unos cinco minutos. Me detuve cuando sentí que él estaba por eyacular para cambiar de posiciones. Ella volvió a tomar el pene de nuestro amigo con su boca y yo la besé, metiendo mi lengua en la boca de ella por alrededor de aquel duro miembro.
Ahora nuestro amigo la tomo de a perrito, penetrándola vaginalmente y con un dedo en su ano mientras mi esposa y yo hacíamos un 69. en poco tiempo ella tuvo un nuevo orgasmo y mi amigo empezó a menearse rápidamente, hasta el momento en el que de pronto, sentí su leche rebosando aquella cavidad y deslizándose por entre sus carnosos labios hasta mi boca. Se quedó un rato así hasta estar seguro que se había vaciado por completo en ella… y yo lamí y lamí tratando de dejar seco aquel rincón, cosa que nunca sucedió.
Ahora me puse boca arriba y de un brinco, mi esposa se ensartó mi pene dentro de ella y empezó a menearse como hacía tiempo no lo hacía. De pronto, nuestro amigo José que estaba chupando y acariciando los pechos de mi mujer, comenzó a lamer y a jugar con mis tetillas, lo cual me provocó una intensa eyaculación.
Pensé que sería todo y entre a bañarme. Cuando salí, José ya tenia de espaldas a mi mujer hasta el fondo, ella de espaldas y con las piernas bien alto sobre los hombros de él y doblándola por completo para besarla. Me senté a la orilla de la cama para contemplarlos hasta que nuevamente los dos se vinieron. El pasó a bañarse mientras yo miraba escurrir el semen de aquel hombre por fuera de la vagina de mi Ariana. Recogí lo que pude con la lengua y me acerqué a besarla y a compartir con ella aquel sabor. Me preguntó que si él había eyaculado mucho adentro de ella y le respondí que sí. Me dijo: “Entonces no me baño, así llévame a nuestra cama para que me sigas limpiando todos mis rincones.”
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Otra más con José...
Publicado en:19 Enero 2020 10:35 am
Última actualización en:16 Marzo 2020 6:05 pm
12943 vistas
Como lo he contado en mis anteriores narraciones, nuestro primer trío iba a ser con un ex-compañero de trabajo de ella, pero nos dejó plantados dos veces y de puro despecho aceptó que saliéramos con José, que sin duda alguna la dejó muy satisfecha... tanto, varias veces, volvimos a salir con él. Les cuento de la tercera...
El mero día, Ella no estaba muy de buenas y trató -aunque no muy convencida- de cancelar, pero si fuimos, previa aclaración de que ella no iba a hacer nada. Era un día de mucho tráfico. Pasamos por José a la glorieta del Álamo y para no tener que sufrir mucho el congestionamiento vehicular, decidimos quedarnos en el motel Mirage, que los tapatíos sabemos muy bien se encuentra por la Av. R. Michel.
Hubo que esperar unos minutos por la habitación, tiempo que aprovechamos para platicar nuestros sucesos más importantes y hacer notar a mi mujer, lo mucho que la deseábamos. Nos asignaron una habitación y apenas al entrar, la hicimos sándwich entre los dos, besando y acariciando lo que teníamos a nuestro alcance y despojándola poco a poco de sus prendas, tan lento que, al acabar, la tina del jacuzzi ya estaba lista, y le ayudamos a entrar. Nuestro amigo se coló detrás de ella mientras yo me acomedí para abrir una botella de vino tinto, servir las copas y arrimar una botana de queso y aceitunas que habíamos preparado para la ocasión.
También aproveché para hacer una terrible travesura: prendí mi celular y lo guardé en la bolsa de mi camisa, de manera que pudiera grabar discretamente todo lo que íbamos a hacer, así que en esta ocasión, puedo contar de manera precisa lo sucedido, pues mientras escribo, estoy mirando el video de ese día .
Nuestro amigo es muy bueno con sus manos, da unos estupendos masajes, así que la grabación empieza viéndose como él está sentado en el jacuzzi con Ariana adelante, doblada un poco hacia el frente y dejando que esas manos extrañas, recorran diestramente su espalda: le hacía presión firme con sus dedos subiendo por los dorsales y después oprimía sus trapecios al parejo y frotaba su cuello, también lo besaba, mordisqueaba y se ayudaba hasta de la lengua para provocarle un ligero dolor y un relajante placer. Les di sus copas y me metí con ellos, dando un beso apasionado a mi esposa mientras veía como él estiraba las manos para alcanzar y apretar sus tetas sabrosas. Entre tragos, masajes, agasajes y besos, me acomodé abriendo sus piernas y la penetré por un momento mientras el amigo la seguía acariciando de forma deliciosa.
Yo creo que a nuestro amigo se le antojó mi posición, pues con cualquier pretexto salió del agua y me hizo tomar su lugar detrás de Ariana. Paseo un poco su desnudo cuerpo frente a la cámara, dejando notar los veinte centímetros de su erección al tope. Regresó de inmediato y le pedí que arrimara la botella para que ya nada nos interrumpiera por un buen rato.
Ahora él abría por completo las piernas de mi dama, para incrustar su miembro en el fondo de su vagina. Chupaba sus pezones y la besaba sabroso. Yo la acariciaba desde atrás y besaba sus orejas, recorriendo con mi lengua su contorno. Ella solo se dejaba hacer y gemía muy rico al recibir aquel tratamiento.
Al cabo de un rato, nuestro amigo se puso de pie y arrimó aquel venoso a la boca de mi Ariana, que ni tarda ni perezosa lo empezó a chupar con harto deleite. No sé cómo, pero se lo metía hasta el fondo y yo la contemplaba en primerísima fila, y besaba sus cachetes cada que se levantaban ante la presión de aquel intruso. En un momento dado, se puso a besarle y a chuparle los testículos, pasando su lengua por todo el escroto y llegando casi hasta su ano. De repente, esa larga verga rozó mi cara y yo la rodeé con mi boca, lamí alrededor de su glande y la chupé tratando de imitar los movimientos de mi mujer, que afortunadamente muy pronto regresó para adueñarse por completo de aquel pedazo de carne.
Recobrada su dureza, regresó a meterlo en la vagina que ya lo estaba esperando con ansiedad. Fue otro rato en el que hicimos chapotear el agua, porque el chorro del jacuzzi no supimos cómo encenderlo hasta que salimos. Cuando él se paró nuevamente, yo hice lo mismo para poner ambos miembros a la disposición de su boquita, y muy atenta los besó, lamió y chupo ansiosamente, incluso en un momento dado, se los metió en la boca al mismo tiempo.
Decidimos seguir en la cama. Yo me adelanté para discretamente cambiar la cámara de posición, mientras, aún en la tina, el aprovecho para nuevamente clavarle la verga en la boca, y tomó su cabeza con ambas manos para moverla hacía atrás y adelante, dándose un tremendo placer (como se ve en la imagen).
Ya en la cama, ella se acostó boca abajo, con la toalla ceñida a su alrededor, pues “no iba a hacer nada”. Le di unos besos y caricias y me retire para dejarlos solos. Nuestro amigo se acomodó junto a ella y se puso a besarle la espalda y levantó la toalla para acariciar sus nalgas, luego bajo a besarlas y a tratar de escabullirse con uno de sus dedos y con su lengua en el ano.
Ella no estaba convencida de ello, por lo que le pidió que mejor le arrimara algo para chupar y pues el volvió a meterle su pene en la boca. La posición era incomoda, con ella boca abajo y torcida para alcanzar el pene del hombre arrodillado junto a ella, por lo que le pidió que se acostara boca arriba y ella a su lado, en cuclillas, siguió con su labor.
Yo muy solícito, le acomodé unas almohadas para que se irguiera y pudiera ver claramente lo que mi mujer le hacía. También le llené y le llevé su copa y ya sabiendo que nuestro huésped estaba bien atendido, me fui detrás de Ariana, la acomodé de perrito hincada entre las piernas de José y la penetré con delicia viendo lo que hacía y como ocasionalmente nuestro amigo le hacía llevar el ritmo sujetando su cabeza con ambas manos. Ella se la mamaba y se la tragaba por completo, pero también se acomodaba a besar todo su escroto hasta lo más atrás posible.
Y de tanto chupar aquel garrote, pues decidió que ya lo quería sentir adentro de ella. Quitó de su lugar al invitado para acostarse ella boca arriba. Yo aproveché para darle un beso apasionado y amoroso, mientras el amigo se preparaba para meterse entre sus piernas.
Ya en posición y con mi ayuda, ella levantó las piernas sobre los hombros de él mientras recibía a empujones y con fuertes gemidos, la embestida completa de aquel falo ajeno. Yo metí mi pene en su boca para mitigar los sonidos y sentir en sus mamadas, la fuerza de los apretones y empujones que abajito estaban sucediendo.
Doblando bien sus piernas, nuestro amigo se montó por completo para alcanzar con su boca cada uno de sus pezones y mamarlos como becerrito... si acaso los soltaba, ella los levantaba para ponerlos de nuevo a su alcance, gimiendo aún más cuando él los volvía a succionar. Cuando ella bajó las piernas, él se tendió por completo encima de ella, recorriéndola de arriba abajo con sus manos y plantándole unos besos apasionados. Sus lenguas se aferraban una a la otra y trataban de seguir juntas cuando yo metía mi instrumento por en medio de ellas. Ella tuvo un par de orgasmos, pero nosotros todavía teníamos cuerda para seguir dándole placer.
Llegó el cambio de posiciones y yo me acosté boca arriba en la cama para que ella me montara, mientras nuestro amigo arrodillado detrás de ella, primero intento una doble penetración vaginal y luego trato de meterle la cabeza de su pija por el ano. Como sabía que en ese momento ella no quería eso, puse el pretexto de ir al baño para que ahora ella lo montara a él. Me encanta mucho ver ese momento de la grabación, por los sabrosos gemidos que ella emita al clavarse aquel garrote, y al brincotear alegremente arriba de él. No sé qué cosas le dice en ese momento, pero ella ríe y se niega y sigue saltando y clavándose su verga hasta que yo regreso y hacemos un nuevo cambio de posición.
Ahora ella se acuesta boca arriba con su cabeza casi a la orilla de un costado de la cama y yo la monto en la posición del misionero mientras nuestro amigo se arrima detrás de ella con el pene listo a entrar en esa cálida boquita. Yo estaba disfrutando mucho de aquella vista y aquella penetración y nuestro amigo de repente salió un poco para masturbarse y le preguntó que dónde podría eyacular y ella le dijo que donde él quisiera. Él se la jalaba y se la volvía a clavar en la boca, pero estaba tardando en terminar, así que, teniendo sus tetillas al alcance, se las empecé a chupar.
Recuerdo claramente que él decía “qué rico, que rico” y empezó a eyacular encima de mi mujer, rociando su cara y pecho, y después también arrojó profusos chorros en su boca. Yo la veía escurriendo semen hasta por las orejas y cuando el por fin dejo de eyacular y se retiró un poco, ella me mostró su boca llena de semen y lo tragó, pero no dejaba que la besara. Yo chupé el semen que había caído en su pecho y cara y limpié con mi lengua el que había resbalado por su cuello y orejas y entonces si nos dimos un beso que nos permitió intercambiar los fluidos sabrosos de nuestro amante. No tardé ya mucho en inundar también su vagina con mis chorros.
Fue una ocasión memorable. Disfruto mucho viendo ese video, incluso me he masturbado un par de veces hoy mientras lo veo y escribo esta historia para ustedes.
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